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Cacerolas y machetes

Protestas

Por José Luis Castillejos Ambrocio

Las ollas están vacías en muchos hogares de México y, particularmente, en estados del sureste como Oaxaca, Chiapas y Guerrero; los campesinos lucen desesperados, al borde de la histeria y con los machetes desenvainados.

No hay empleos. La situación económica se agrava y en el campo político hay un despilfarro, por parte de quienes gobiernan o aspiran gobernar. No hay un equilibrio entre los que mucho tienen y los que sólo piden oportunidades e ingresos para poder llevar alimentos a sus casas.

Las amas de casa cotidianamente enfrentan la escasez de alimentos. Van a los mercados y regresan con las bolsas semi-vacías. Van al día. Hay productos en los supermercados pero, debido a la falta de dinero, cada vez es más lejana es la posibilidad de adquirirlos.

Muchos jefes de familia carecen de un adecuado trabajo o subsisten con empleos eventuales o en sus changarros (tiendas, ventas de tacos, empanadas, garnachas, fondas, aguas frescas, talleres mecánicos, etc) que apenas y les dejan para mal comer.

El gobierno está llevando al pueblo a situaciones extremas y si no hay una válvula de escape, a través de la generación de empleos, de inyección económica a los municipios y mayor fluidez, el país podrá estallar en llamas antes de las elecciones del 2018.

Los asaltos a mano armada en municipios fronterizos son ahora una constante y las voces de inconformidad de la sociedad ya se comienza a escuchar. Las pocas personas que tienen un empleo en el gobierno prefieren agachar la cabeza y no decir nada, y menos protestar. Hacerlo significa ser echados de sus empleos.

No es lejana la posibilidad que desde el campo venga la protesta por las penurias que enfrentan los campesinos para adquirir productos básicos y medicinas. La corrupción también afecta a los agricultores. Para conseguir créditos tienen que darle una “mordida” a los gestores. Ninguno de estos sinvergüenzas están encarcelados. No despierten al México bronco desde el campo porque entonces los machetes no podrán ser parados.

Cada vez los niños del campo toman menos leche y sólo se alimentan con frijoles y tortillas porque no hay para carne. El kilogramo de carne bordea los 130 pesos, más de un sueldo mínimo diario.

En la actualidad más de once millones de mexicanos que radican en los dos mil 457 municipios del país, fueron clasificados como población en situación de pobreza extrema con carencia alimentaria, según la propia Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol).

La famosa Cruzada Nacional contra el Hambre ha fracasado y es un nido de funcionarios corruptos que utilizan los recursos con fines electorales. Es una vergüenza lo que pasa en México. Indigna que no haya un mejoramiento en alimentación, salud, educación, vivienda y servicios básicos.

Según el INEGI, en México mueren cada año aproximadamente 8,500 personas a causa de la desnutrición, de ellos, un promedio de 850 tenían menos de 5 años de edad. Datos de la Secretaría de Salud revelan que anualmente se enferman en el país más de 170 mil personas por la falta de alimentos; todo ello, en un contexto en el que más de 28 millones de mexicanos viven en vulnerabilidad por carencia de acceso a la alimentación, y 11.7 millones en condiciones de pobreza extrema.

He recorrido la sierra de Chiapas, la Costa, la zona de los Altos y la Zona Norte y cada vez son más los pobres. Galopa el corcel de la inconformidad y mientras eso sucede algunos políticos nefastos llevan la promesa del cambio, de que todo estará bien en el 2018 y andan regalando, algunos, despensas. Como si con eso se pudiera matar el hambre, el abandono, la indiferencia.

Lo catastrófico de todo esto es es que, según el INEGI, de los 48.7 millones de personas que trabajan, hay 22.1 millones que reciben ingresos por debajo de 120 pesos diarios.

Es un escándalo que en México se padezca hambre. Cada año enferman y mueren miles de personas porque no tienen una ingesta suficiente ni adecuada de alimentos, como resultado principalmente de las persistentes condiciones de pobreza, rezago social, marginación y discriminación que privan en todo el país.

¿Qué hemos hecho mal?, es la pregunta que se antoja hacer. Creo que todo. Primero hemos elegido a una caterva de sinvergüenzas con algunas excepciones. Quienes gobiernan no comprenden los severos contextos de pobreza, marginación y, sobre todo, de desigualdad que hay en el país.

Chiapas donde se supone comienza la patria duele. Cala hondo que los pobres sean usados como moneda electoral. Duele ver a los ancianos haciendo colas para recibir una ayuda que les llega a cuenta-gotas y que en las antípodas los políticos compren millonarios ranchos, lujosas camionetas, viajen y acumulen mucha riqueza.

La frontera sur debiera la prioridad para el gobierno de la República, y la Sedesol en vez de ser una oficina desde donde se condiciona la ayuda a los pobres debiera atender a través de la Cruzada Nacional Contra el Hambre a los 23 municipios de esta área geográfica, integrada por los estados de Chiapas, Campeche, Quintana Roo y Tabasco.

joseluiscastillejos@gmail.com

@jlcastillejos

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