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Critica el Papa Francisco al narcisismo social

Papa Francisco Tuxtla
Papa Francisco

Por José Luis Castillejos Ambrocio

El Papa Francisco lanzó hoy duras críticas a la sociedad narcisista, conformada por el lujo y el confort y la emprendió contra quienes han despojado, excluido de la sociedad y mareado, desde el poder, a los indígenas.

En su gira por Chiapas, que lo llevó a San Cristóbal de Las Casas, primero, y luego a Tuxtla Gutiérrez, el jefe de la Iglesia Católica pidió a todos a echarle ganas a la familia porque la precariedad, de esta, genera soledad, aislamiento y es un mal consejero.

Hay colonizaciones ideológicas que destruyen a las familias. Prefiero una familia con rostro cansado a familias con rostros maquillados que no han sabido de ternura y compasión, recriminó en el estadio Manuel Reyna, de la capital de Chiapas

Poco antes en San Cristóbal, el Sumo Pontífice denunció el trato que se viene dando a las comunidades indígenas que han sido “mareadas por el poder”, “despojadas de sus tierras” y excluidas de la sociedad”.

Deploró que de manera sistemática y estructural, los pueblos indígenas vengan siendo incomprendidos y excluidos de la sociedad.

“¡Qué tristeza!” Todos tenemos que hacer un examen de conciencia y pedir perdón porque el mundo actual, despojado de la cultura del descarte, lo necesita, indicó frente a unas 40 mil personas que desde horas de la madrugada esperaron al Papa Francisco a corta distancia de los cerros preñados de pinos.

Y desde la ciudad fundada en 1528 por Diego de Mazariegos evocó el Popol Vuh, el libro los Mayas donde reclamó hacer un examen de conciencia en el mundo de hoy, preso del pragmatismo. Necesitamos retomar el valor de la generosidad, clamó.

Ante indígenas de los altos de Chiapas y feligreses de diversas partes del país y de Centroamérica, dijo que la Ley del Señor es perfecta porque alegra el corazón y es luz para alumbrar el camino.

“Que el maltrato y la degradación no sean moneda corriente. Hay el anhelo de una tierra de un tiempo donde la desvalorización sea superada por la fraternidad y la justicia sea vencida por la solidaridad y la violencia sea callada por la paz”, dijo en su homilía. Un indígena con la emoción contenida oraba de rodillas frente al Papa, contenía el llanto y pedía a Dios que haya una sociedad más justa, que no los discrimine, que los apoye en su deseo de ser partes de esta sociedad cambiante.

El sumo pontífice visitó, en la catedral de San Cristóbal de Las Casas, el sepulcro del obispo Samuel Ruiz, el religioso que defendió a capa y espada a los indígenas. Él estuvo al frente de esa diócesis durante 41 años, entre los años 1959 y 2000.

Después y tras sobrevolar el macizo chiapaneco, en el helicóptero Súper Puma TP-1, el jefe de la Iglesia llegó a Tuxtla Gutiérrez donde lo esperaban unas 50 mil personas, bajo un sol quemante de 35 grados. Fue recibido por el gobernador Manuel Velasco Coello y su esposa, la cantante Anahí.

El religioso de nacionalidad argentina tuvo la oportunidad de ver, desde el aire, el profundo valle que hay entre San Cristóbal de Las Casas y Tuxtla Gutiérrez, recrear su mirada a su paso por el profundo cañón del Sumidero y observar la serpenteante carretera que une las dos ciudades.

Aún calaba en la memoria de los sancristobalenses o coletos el anhelo de vivir en libertad, anhelo que les ratificó el Papa Francisco quien dijo que ese deseo tiene sabor a tierra prometida donde la opresión, el maltrato y la degradación no sean la moneda corriente.

Denunció fuerte y claro, para que lo escuchara la clase política, cómo de muchas formas y maneras se ha querido silenciar y callar ese anhelo de los indígenas, de la sociedad en su conjunto, de vivir mejor, pero se ha intentado anestesiarles el alma, aletargarlos, adormecer la vida de los niños y jóvenes con la insinuación de que nada puede cambiar o de que son sueños imposibles.

Con la frase: “Li smantal Kajvaltike toj lek” (La ley del Señor que es perfecta del todo y reconforta el alma), Francisco cerró su visita a la gélida San Cristóbal de Las Casas donde los indígenas, muy respetuosos, lo escucharon, oraron, musitaron y levantaron sus manos, en una plegaria a cielo, a Dios.

Micaela Méndez Vázquez, en lengua tzotzil le expresó el deseo de que haya una sociedad más hermanada, unida, libre, transparente y Anselmo Hernández Miranda, acompañado de su esposa, recibieron un abrazo del Papa. El vestía el traje de cintas de colores, ella una especie de huipil bordado.

En el sureste mexicano aún resuena su mensaje en la homilía en Ecatepec donde advirtió que “con el demonio (narcotráfico) no se dialoga” y pidió a México no “ser paso de tráfico de muerte de migrantes”. En su gira por México ha hablado de la desigualdad como un “terreno fértil para la corrupción” frente a lo cual urgió a los obispos mantener una “mirada transparente”.

Quizás en Tuxtla Gutiérrez, la capital de Chiapas, ha sido el lugar donde más se ha sentido contento. Le recordó el verano austral de su Argentina, la música, los cantos, los miles de feligreses y los ocho niños marimbistas de la escuela Prodown motivaron al Vicario de Cristo quien escuchó a quienes hablaron, les estrechó las manos, los abrazó, los besó. Después cerró levemente los ojos cuando le entonaron  “Las Chiapanecas”.

El Papa Francisco hizo eco de las palabras de Manuel, un niño discapacitado quien dijo que le está echando ganas a la vida.  Gracias por “por echarle ganas” y vamos a “echarnos ganas”, indicó al reunirse con familias a quienes dijo que prefiere una familia herida, que trata de conjugar cada día el amor, a una familia “en una sociedad enferma”.

Visiblemente emocionado y mirando a Manuel le dijo: “Quiero dar gracias a tus padres, los dos, de rodillas, delante tuyo, dándote el papel… ¿vieron qué imagen es esa?, los padres de rodillas ante el hijo. No olviden esa imagen”, pidió a la multitud al deslizar la conveniencia de tener mucha humildad.

“Gracias por regalarnos motivos para seguir apostando a la familia”, le dijo a Manuel quien sólo sonreía. “¿Le echamos ganas?”, preguntó a las cien mil almas quienes al unísono respondieron con un rotundo: “sí”. Pero advirtió que se necesita, para combatir la precariedad del desempleo, la falta de alimentos y otras necesidades, de legislaciones que protejan y garanticen los mínimos necesarios para que cada hogar pueda desarrollarse y con ello romper la “espiral de la precariedad”.

joseluiscastillejos@gmail.com

@jlcastillejos

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