Política
Comisión evaluadora de Morena: ¿nuevo filtro interno para mantener el control?
Morena se aprieta el cinturón. En plena resaca electoral y con miras a 2027, el partido que domina la política mexicana acaba de formalizar la creación de una comisión evaluadora, un órgano que funcionará como filtro para nuevos aspirantes y para quienes buscan escalar dentro del movimiento. El mensaje es claro: ya no cualquiera entra, y menos si viene rebotado de otro partido.
Este movimiento busca frenar la entrada de chapulines —esos políticos que brincan entre partidos buscando candidaturas—, pero también fortalece el control central del partido y cierra espacios a liderazgos incómodos o locales que se salten la línea.
Morena comisión evaluadora: el nuevo gatekeeper del poder
El nuevo órgano evaluará trayectorias, lealtades, reputación y formación ideológica de los aspirantes. ¿El objetivo oficial? Evitar infiltraciones oportunistas. ¿El real? Blindar las decisiones de la cúpula morenista.
Esta estructura no aparece sola: se suma a una batería de mecanismos que incluyen el Plan Municipalista, nuevos comités seccionales, un Consejo Consultivo Nacional y un sistema de control territorial más cercano a un partido de Estado que a un movimiento ciudadano.
Desde ahora, los perfiles que busquen candidaturas tendrán que pasar por esta nueva aduana interna. Los que vengan del PRI, PAN o MC tendrán que demostrar “adhesión al proyecto de transformación”. Y eso, en Morena, suele traducirse en lealtad al liderazgo presidencial.
¿Institucionalización o cerco político?
Este movimiento podría interpretarse como un intento por profesionalizar los procesos internos. Pero no faltan las voces que ven en esta comisión un mecanismo de purga preventiva. Una forma de evitar el surgimiento de figuras propias con fuerza territorial que, en el futuro, puedan cuestionar las decisiones del centro.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha respaldado este cambio, asegurando que busca “fortalecer la unidad del movimiento”. Pero lo cierto es que en el pasado reciente ya se vieron fracturas internas, sobre todo en estados donde Morena impuso candidatos que no eran los preferidos de las bases.
Ahora, con esta comisión evaluadora, esas decisiones podrán maquillarse de “evaluación técnica”.
Hablando en serio
La creación de una comisión evaluadora dentro de Morena marca el paso de movimiento a maquinaria política institucionalizada, pero también abre preguntas incómodas: ¿quién vigila al vigilante? ¿Qué criterios se usarán realmente para filtrar a los candidatos? Si el objetivo es evitar que los partidos tradicionales contaminen a Morena, ¿no es también una forma de cerrar la puerta a voces diversas? Y más aún: ¿puede la democracia interna sobrevivir a una estructura diseñada para excluir?

