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El grito de “nadaremos” desató una tragedia en el Ángel de la Independencia
El grito de “nadaremos” precedió al momento que convirtió una celebración en tragedia.
El grito de “nadaremos” precedió al momento que convirtió una celebración en tragedia.
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La Tragedia en el Ángel de la Independencia dejó una de las imágenes más dolorosas del Mundial 2026. Lo que comenzó como una celebración multitudinaria por la victoria de la selección mexicana frente a Ecuador terminó con cuatro personas fallecidas y decenas de asistentes atrapados entre una multitud que perdió el control en cuestión de segundos.
El País reconstruyó el momento que marcó el cambio entre la euforia y el pánico. Según testigos, todo comenzó cuando alguien gritó «¡nadaremos!», una expresión que invitaba a la multitud a dirigirse hacia la fuente del Ángel de la Independencia, una costumbre repetida durante celebraciones deportivas en la capital.
Miles de personas respondieron al mismo tiempo. Ese movimiento colectivo bastó para desencadenar una presión humana que terminó siendo imposible de contener.
La tragedia en el Ángel de la Independencia comenzó con un movimiento masivo
La concentración en Paseo de la Reforma reunía a cientos de miles de personas cuando comenzó el desplazamiento hacia la glorieta.
Quienes estaban en las primeras filas quedaron atrapados entre el impulso de quienes avanzaban desde atrás y los obstáculos propios del mobiliario urbano.
Testigos describieron escenas de personas cayendo al suelo mientras otras intentaban detener el avance de la multitud sin conseguirlo.
En ese tipo de estampidas, el principal peligro no suele ser correr.
El riesgo aparece cuando la presión impide respirar, moverse o incorporarse después de una caída.
Ese fue el mecanismo que, según las autoridades capitalinas, provocó la muerte por asfixia de tres de las víctimas.
La fiesta terminó con cuatro personas fallecidas
El saldo oficial confirmó la muerte de cuatro personas durante la noche de celebraciones.
Tres de ellas fallecieron por asfixia durante la aglomeración registrada en las inmediaciones del Ángel de la Independencia.
La cuarta víctima murió posteriormente en un hospital tras sufrir una crisis epiléptica y un paro cardiaco mientras participaba en los festejos.
Las autoridades identificaron entre las víctimas a dos mujeres de 19 y 48 años y a un hombre de 44 años.
La tragedia transformó una celebración nacional en una escena marcada por ambulancias, equipos de emergencia y familiares buscando información entre hospitales y servicios forenses.
El Ángel volvió a mostrar los límites de las celebraciones masivas
El Ángel de la Independencia se ha convertido desde hace años en el punto simbólico donde los aficionados mexicanos celebran los grandes triunfos deportivos.
Su valor histórico y emocional lo convierte casi automáticamente en el destino final de cualquier festejo espontáneo.
El problema aparece cuando cientos de miles de personas intentan acceder al mismo espacio en un periodo muy corto de tiempo.
Expertos en gestión de multitudes señalan que el peligro no depende únicamente del número de asistentes, sino de la densidad de personas por metro cuadrado y de la existencia de rutas de evacuación suficientes.
Cuando esos factores fallan, una simple reacción colectiva puede convertirse en una emergencia de grandes dimensiones.
Las investigaciones buscarán determinar qué ocurrió
Las autoridades capitalinas anunciaron investigaciones para reconstruir con precisión el desarrollo de los hechos.
Entre los aspectos que deberán analizarse figuran el funcionamiento del operativo de seguridad, la distribución de los asistentes, la respuesta de los cuerpos de emergencia y las condiciones que favorecieron la formación de la aglomeración.
El objetivo será determinar si la tragedia fue consecuencia exclusiva del comportamiento espontáneo de la multitud o si existieron deficiencias en la organización y prevención de riesgos.
Mientras tanto, la Ciudad de México ya enfrenta un nuevo desafío.
El próximo partido del Tri volverá a movilizar a cientos de miles de aficionados si México logra mantener vivo el sueño mundialista.
Las autoridades tendrán poco tiempo para revisar protocolos y evitar que una celebración deportiva vuelva a convertirse en una tragedia.
Pensando en México
Los festejos populares forman parte de la identidad del futbol mexicano, pero también obligan a replantear cómo se gestionan las concentraciones masivas. El Mundial 2026 apenas entra en su fase decisiva y todavía quedan partidos capaces de movilizar a cientos de miles de personas. La experiencia del Ángel de la Independencia demuestra que el entusiasmo colectivo necesita planificación, rutas de evacuación y controles adecuados para evitar que un movimiento espontáneo termine cobrando vidas. La pasión no desaparece por organizar mejor una celebración. Al contrario, se protege. ¿Deberían las autoridades cambiar por completo el modelo de festejos públicos para lo que resta del Mundial?

