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La Inteligencia Artificial consumirá más agua que 1,300 millones de personas y ya afecta a México

La Inteligencia Artificial disparará el consumo de agua y México ya sufre los efectos de esa expansión.

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La Inteligencia Artificial consumirá más agua que 1,300 millones de personas y ya afecta a México

La Inteligencia Artificial disparará el consumo de agua y México ya sufre los efectos de esa expansión.

La Inteligencia Artificial ya no se mide solo en potencia de cálculo, inversiones millonarias y promesas futuristas. También se mide en agua. Mucha agua. Un informe del Instituto para el Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de la ONU advierte que, si el ritmo actual se mantiene, los centros de datos impulsados por Inteligencia Artificial podrían duplicar su consumo de electricidad y agua antes de 2030. La cifra proyectada para el uso hídrico alcanza 9.3 billones de litros al año, un volumen comparable al consumo anual de 1,300 millones de personas.

Ese dato desmonta uno de los mitos más cómodos de la era digital: creer que lo virtual no ocupa espacio, no gasta recursos y no deja huella física. Cada consulta a un chatbot, cada imagen generada, cada modelo entrenado a gran escala necesita servidores, enfriamiento, electricidad y agua. Mucha más de la que el discurso promocional de la industria suele admitir.

La cuestión no es menor. La Universidad de la ONU sostiene que el crecimiento de la Inteligencia Artificial puede disparar tensiones ambientales en regiones donde la infraestructura hídrica ya opera bajo presión. Y ahí es donde países como México dejan de mirar el problema como algo ajeno.

La Inteligencia Artificial necesita agua para sostener su expansión

Los centros de datos funcionan como el músculo oculto de la Inteligencia Artificial. Ahí se almacenan datos, se procesan modelos y se ejecutan tareas que millones de usuarios perciben como algo instantáneo y casi mágico.

El problema es bastante menos mágico. Para evitar el sobrecalentamiento de los servidores, estas instalaciones requieren sistemas de refrigeración que en muchos casos dependen de grandes volúmenes de agua. La propia UNESCO ha pedido más transparencia sobre el uso de agua y energía en operadores de centros de datos y soluciones de IA.

Dicho de otro modo: la conversación sobre Inteligencia Artificial no puede limitarse a productividad, automatización o creatividad asistida. También obliga a hablar de recursos naturales, presión urbana y sostenibilidad real.

La Inteligencia Artificial ya tiene un coste físico que casi nadie menciona

La nueva fiebre tecnológica suele venderse como si todo ocurriera en una nube abstracta. Pero esa nube tiene edificios, tuberías, subestaciones eléctricas, equipos de enfriamiento y una factura ambiental concreta.

Reuters informó que la proyección de la Universidad de la ONU no solo anticipa un fuerte aumento en el consumo de agua. También prevé que la demanda eléctrica de los centros de datos vinculados a IA podría llegar a 945 TWh en 2030, un nivel comparable al consumo total anual de Japón. El mensaje es simple y bastante incómodo: la Inteligencia Artificial no flota en el aire, se sostiene sobre infraestructura intensiva y sobre territorios que absorben sus costos.

La Inteligencia Artificial presiona a México a través de nuevos centros de datos

México ya está dentro de esta historia. No como espectador, sino como territorio de expansión para infraestructura digital.

En 2024, Amazon Web Services anunció una inversión superior a 5,000 millones de dólares para establecer un clúster de centros de datos en Querétaro. En 2025, Reuters reportó que CloudHQ proyectaba invertir otros 4,800 millones de dólares en seis centros de datos en ese mismo estado, también orientados a la demanda de nube e Inteligencia Artificial. La propia empresa destacó que planeaba sistemas de enfriamiento sin agua, una precisión que revela algo muy concreto: el problema hídrico ya está sobre la mesa y ya condiciona el diseño de estas instalaciones.

No es casualidad que Querétaro se haya vuelto una pieza clave en esta carrera. Tiene ubicación estratégica, conectividad y atractivo para inversión tecnológica. El punto delicado es otro: buena parte del debate público se ha centrado en empleo, modernización e inversión extranjera, mientras la presión sobre energía y agua avanza con bastante menos foco mediático.

Y México no llega precisamente sobrado de agua a esta nueva etapa. La Conagua mantiene activo su Monitor de Sequía y el problema hídrico sigue siendo estructural en amplias zonas del país. En ese contexto, la instalación y crecimiento de infraestructura digital intensiva en recursos abre una discusión que apenas empieza: cuánto desarrollo tecnológico puede absorber un territorio con estrés hídrico sin trasladar el costo ambiental a la población.

La Inteligencia Artificial obliga a revisar el relato del progreso

La promesa comercial de la Inteligencia Artificial es tentadora: más productividad, más automatización, más velocidad, menos fricción. Lo que casi nunca aparece en primer plano es que ese progreso tiene tuberías detrás.

Europa ya discute normas más duras para obligar a los grandes centros de datos a transparentar su consumo de energía y agua. Esa reacción no surge por capricho. Surge porque el crecimiento del sector empieza a chocar con objetivos climáticos, costos energéticos y disponibilidad de recursos básicos.

México haría bien en tomar nota antes de repetir el patrón de siempre: celebrar la inversión primero y preguntarse por el impacto cuando el daño ya sea difícil de corregir.

Hablando en serio

En México la discusión sobre Inteligencia Artificial suele quedarse en la superficie. Se habla de innovación, de oportunidades, de modernización. Suena bonito. Lo que suena menos bonito es preguntarse qué pasa cuando esa infraestructura se instala en un país con sequías recurrentes, presión urbana, acuíferos exigidos y una gestión del agua que arrastra problemas viejos.

No se trata de demonizar la tecnología. Se trata de dejar de comprar el relato infantil de que todo avance digital es limpio por definición. Los centros de datos no viven en otro planeta. Viven en territorios concretos, consumen recursos concretos y compiten, en la práctica, con necesidades humanas y urbanas también concretas.

La pregunta ya no es si la Inteligencia Artificial va a crecer. Eso ya está ocurriendo. La pregunta es quién va a pagar su costo material cuando el agua empiece a faltar más.

¿México está negociando inversión tecnológica con visión de largo plazo o solo está vendiendo suelo, energía y agua a cambio de la foto del “progreso”?

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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