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Plan Michoacán, el ambicioso proyecto de Sheinbaum
El Plan Michoacán ya está en marcha. Con una inversión de 57 mil millones de pesos, Claudia Sheinbaum busca devolver la paz a uno de los estados más golpeados por el crimen organizado. Pero más que un despliegue militar, el gobierno federal presenta una estrategia integral que combina seguridad, desarrollo económico y atención social.
El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, el pasado 1 de noviembre, fue el punto de quiebre. El ataque, perpetrado en pleno Día de Muertos, evidenció el nivel de impunidad en la región y obligó a la presidenta a actuar con firmeza. Su respuesta: un plan con 12 ejes y más de 100 acciones que intentan, según sus palabras, “construir la paz desde la justicia y no desde la guerra”.
Plan Michoacán y el despliegue militar más grande del año
El Plan Michoacán contempla el envío de 1,980 soldados adicionales, que se suman a los más de 10 mil elementos ya desplegados en el estado. El Plan Paricutín, liderado por la Secretaría de la Defensa Nacional, busca sellar las fronteras con Colima, Jalisco, Querétaro, Guanajuato, Estado de México y Guerrero para frenar el tráfico de drogas y el desplazamiento de grupos criminales.
Helicópteros, drones y sistemas antidrones reforzarán las operaciones, mientras que la Marina tomará el control de la franja costera y del puerto de Lázaro Cárdenas, clave en la entrada de precursores químicos para la producción de fentanilo. En paralelo, se intensificarán las acciones contra la extorsión a productores de aguacate y limón, una de las mayores fuentes de ingresos ilícitos del crimen local.
Plan Michoacán y la inversión social
Pero la estrategia no se queda en la seguridad. La Secretaría de Gobernación, encabezada por Rosa Icela Rodríguez, detalla que el Plan Michoacán incluye programas de bienestar, inversión en infraestructura, salud, educación y cultura. El objetivo es atacar las causas estructurales de la violencia y crear oportunidades en regiones abandonadas durante décadas.
Entre los puntos más destacados están la creación de nuevos corredores industriales, carreteras y sistemas de agua potable. También se prevé apoyo directo al campo y la vivienda, así como un plan de justicia para pueblos indígenas. La presencia territorial del gobierno federal será constante: funcionarios recorrerán municipio por municipio para atender directamente las necesidades de la población.
Un intento de romper con el modelo de guerra
Sheinbaum insiste en que su propuesta no es una reedición del operativo militar de Felipe Calderón. “La paz no se impone con la fuerza”, declaró, marcando distancia con la llamada “guerra contra el narco” que comenzó hace casi dos décadas precisamente en Michoacán. La mandataria asegura que este nuevo enfoque combina prevención, inteligencia, bienestar y transparencia.
El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla celebró la medida, afirmando que la sociedad michoacana “se siente respaldada por la solidaridad del gobierno federal”. Prometió aportar 2,700 millones de pesos estatales para reforzar las áreas de seguridad, juventud, cultura y turismo. Aun así, las protestas por la muerte del alcalde de Uruapan reflejan una ciudadanía cansada y desconfiada.
El reto real del Plan Michoacán
Michoacán cerró los primeros nueve meses de 2025 con 1,024 homicidios, lo que lo convierte en el séptimo estado más violento del país. La magnitud del problema deja claro que la pacificación no será inmediata. Los cárteles que operan en la región —disputándose el control del puerto, las rutas del metanfetaminas y la extorsión agrícola— cuentan con una estructura que no se desmantela con decretos.
El verdadero desafío del Plan Michoacán será sostener su promesa de “paz con justicia” sin caer en la lógica militar que el propio gobierno intenta superar. La población, golpeada por años de abandono, espera resultados visibles y no discursos.
Hablando en serio
El Plan Michoacán podría convertirse en el primer gran termómetro del sexenio de Sheinbaum. Si logra estabilizar un estado que simboliza la violencia del México contemporáneo, marcará un precedente. Si fracasa, quedará como otro intento fallido en una larga lista de promesas incumplidas.
¿Será esta vez diferente, o volveremos a escuchar que la paz se aplaza para después?

