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Sheinbaum exige investigar la muerte de Erick Terán en campamento militar
Claudia Sheinbaum pidió abrir una investigación sobre el caso de la muerte de Erick Terán, el niño que falleció en un campamento militar. Pero el gesto plantea más preguntas que respuestas: ¿se trata de una exigencia genuina de justicia o de un simple acto de control de daños político?
El caso ha sacudido a la opinión pública. Un menor bajo custodia de instituciones estatales muere en circunstancias aún confusas, dentro de un espacio que, en teoría, debía ser seguro. La reacción de Sheinbaum ha sido rápida, pero algunos sectores cuestionan si esa rapidez obedece a un compromiso real con la rendición de cuentas o a la necesidad de desmarcarse de una responsabilidad de Estado que inevitablemente le corresponde como presidenta. ¿Realmente basta exigir una investigación cuando el Estado es el primer responsable de proteger a sus menores?
Caso Erick Terán campamento militar: un llamado que llega tarde
Aunque Sheinbaum ha exigido investigación, no ha anunciado medidas concretas más allá de la solicitud. No se han planteado protocolos de protección inmediatos, ni tampoco se han deslindado responsabilidades en los mandos militares involucrados.
El discurso oficial habla de esclarecer los hechos, pero sigue sin abordar el fondo: ¿por qué un menor estaba en un ambiente de riesgo bajo tutela militar? ¿Qué garantías existen para que otros niños no enfrenten situaciones similares?
Caso Erick Terán campamento militar: ¿falla estructural?
El caso pone en evidencia un problema más profundo: la militarización de espacios civiles y la falta de controles efectivos sobre las Fuerzas Armadas.
Durante años, México ha incrementado la participación de los militares en tareas no castrenses, sin mecanismos de supervisión civiles suficientemente fuertes. Ahora, con Sheinbaum al mando, el reto no solo es investigar, sino enfrentar el costo político de un modelo que ha dejado expuestos a los más vulnerables.
Caso Erick Terán campamento militar: una muerte que expone fisuras
La muerte de Erick Terán no es un hecho aislado: revela las debilidades de un sistema donde el Estado entrega la protección de menores a instituciones diseñadas para la guerra, no para la convivencia civil.
El llamado de Sheinbaum puede ser visto como un paso necesario, pero también como una respuesta insuficiente frente a una tragedia que pone en jaque su promesa de un «México de derechos».
Hablando en serio
Que un niño muera en instalaciones militares bajo gobierno civil debería ser motivo de autocrítica profunda, no solo de llamados formales a investigar. La muerte de Erick Terán exige no solo responsables individuales, sino una revisión urgente del modelo de militarización que ahora también recae sobre el nuevo gobierno.
¿Será Sheinbaum capaz de romper con este esquema o seguirá administrando el mismo riesgo, esperando que las tragedias sigan siendo excepciones y no la norma?

