Internacional
Ataque israelí en Gaza deja 18 muertos en escuela-refugio
El horror cotidiano en Gaza volvió a escalar con un nuevo ataque israelí que dejó al menos 18 muertos, entre ellos varios niños, en una escuela habilitada como refugio en Khan Younis. El objetivo: tiendas de campaña instaladas por familias desplazadas dentro del recinto escolar. No era una base militar. No era un objetivo estratégico. Era un refugio.
Mientras la comunidad internacional debate resoluciones y exige moderación, las bombas siguen cayendo sobre civiles. Y al mismo tiempo, se paraliza la distribución de ayuda humanitaria. La Fundación Humanitaria de Gaza, un organismo respaldado por Estados Unidos e Israel para gestionar el reparto de alimentos y agua, anunció que suspendería sus operaciones “por motivos de eficiencia”. La decisión llega tras múltiples incidentes con muertos y heridos cerca de los centros de distribución.
La ayuda, controlada y en pausa
Durante semanas, las operaciones de reparto estuvieron marcadas por el caos, con multitudes desesperadas y una seguridad insuficiente. La pausa “temporal” en la distribución parece más una admisión de fracaso que una estrategia de mejora. ¿Qué sucede cuando la ayuda humanitaria no solo llega tarde, sino que además se convierte en otro punto de riesgo mortal?
El costo de esa desorganización ya se mide en cadáveres. Los centros de reparto improvisados no han contado con la logística ni con la neutralidad necesarias para operar en un territorio donde cada paso es un cálculo político y cada cola para comida puede convertirse en blanco.
Ataque tras ataque, sin espacio seguro
La escuela Al Hanaui no era la única. En las últimas 24 horas, más de 90 personas murieron en un ataque israelí en Gaza con fuertes bombardeos en distintas zonas de la Franja. Ya no hay zona segura ni albergue que valga. La idea de “refugios” en Gaza se ha convertido en un concepto irónico. Las familias no escapan de la guerra, solo la mudan de dirección.
La estrategia israelí se ha centrado en apuntar a zonas con alta densidad de población desplazada, bajo el argumento de que entre los civiles se esconden combatientes. ¿Pero cuál es el umbral de justificación para bombardear una escuela llena de tiendas improvisadas?
El modelo de ayuda humanitaria, ¿instrumento de control?
La Fundación Humanitaria de Gaza ha operado al margen de las agencias tradicionales y fue impulsada por gobiernos que también respaldan militarmente al Estado israelí. Su estructura cerrada, la opacidad en su gestión y la falta de coordinación con actores humanitarios con experiencia han sido duramente cuestionadas. Su pausa en la distribución ha dejado en evidencia que no basta con tener recursos: hace falta voluntad de proteger a las personas que los necesitan.
Hablando en serio
El ataque a una escuela-refugio y la suspensión de ayuda en Gaza revelan que no existe un sistema efectivo ni seguro para proteger a los civiles. La ayuda internacional, lejos de ser un alivio neutral, está cada vez más condicionada por intereses estratégicos y políticos. ¿Qué sucede cuando el mismo actor que lanza los misiles también decide quién recibe comida y agua?
¿Puede la comunidad internacional seguir permitiendo que la asistencia humanitaria sea administrada por actores vinculados al conflicto?

