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Así operaba la red de huachicol más poderosa del centro del país
La guerra contra el huachicol vuelve a encenderse. En el centro del país, la caída del llamado clan de Don Checo destapó una red de huachicol que operaba con impunidad, tecnología, contactos políticos y millones en juego. Aunque el Gobierno presume avances, el tamaño del golpe revela algo más incómodo: el huachicol no solo sobrevivió al sexenio pasado, sino que se profesionalizó.
La red de huachicol encabezada por Cirio Sergio N, alias “Don Checo”, perforaba ductos de Pemex en Hidalgo, Querétaro y Estado de México. El combustible robado —gasolina y gas LP— era almacenado en bodegas privadas y luego distribuido ilegalmente a gasolineras, muchas de ellas con documentos falsificados y presunta complicidad de autoridades locales.
La red de huachicol operaba con estructura empresarial
No hablamos de una banda improvisada. Según Omar García Harfuch, el operativo que acabó con esta red de huachicol tardó seis meses y permitió detener a 32 personas, incluidos Don Checo y su mano derecha, Luis Miguel N, alias “El Flaco de Oro”. Lo incautado da vértigo: decenas de tractocamiones, cisternas, remolques, casi 16 millones de pesos en efectivo y hasta un tanque de 27 metros.
Y como si fuera narco–reality: tenían un cachorro de león.
El golpe no fue casual. Harfuch ha colocado a sus aliados estratégicos —como Israel Benítez, excolaborador en la policía capitalina— en puestos clave dentro de Pemex Logística, apuntando a una limpieza interna desde la raíz.
La red de huachicol expone la herencia del sexenio anterior
Durante su gobierno, López Obrador proclamó en 2019 que el robo de combustible estaba «prácticamente eliminado». Pero las cifras actuales lo desmienten. Solo en 2024, Pemex reportó pérdidas por más de 20 mil millones de pesos. Y si sumamos el huachicol fiscal —contrabando legalizado mediante documentos alterados— el quebranto al fisco supera los 177 mil millones de pesos al año.
Esta red de huachicol, como otras similares, no solo drena recursos. Revela la fragilidad institucional que permite que mafias se asocien con funcionarios para generar un negocio millonario paralelo.
No es un fenómeno nuevo. Solo es más descarado
Ya en el sexenio de Peña Nieto se hablaba del “triángulo rojo” del huachicol en Puebla. En 2017, un enfrentamiento armado entre huachicoleros y militares en Palmarito dejó 10 muertos. Luego vino la narrativa de «abrazos, no balazos», y con ella, menos militares, más impunidad.
Hoy, el Gobierno intenta corregir el rumbo bajo presión internacional, sobre todo de Estados Unidos. Pero el sistema ya está dañado. Y si no se interviene a fondo —fiscalización, vigilancia real, castigos ejemplares— la red de huachicol podría cambiar de nombre, pero no desaparecer.
Hablando en serio
El combate al huachicol no puede quedarse en operativos espectaculares ni en conferencias de prensa. Mientras existan ductos perforados, funcionarios cómplices y mercados dispuestos a comprar gasolina robada, el crimen seguirá ganando. México no solo pierde dinero: pierde credibilidad, institucionalidad y soberanía energética.
¿Y tú, sabes de dónde viene la gasolina que estás pagando?

