Política
México exige a EU asumir responsabilidad por tráfico de fentanilo
En un momento donde el drama del fentanilo se ha convertido en un cliché diplomático, México decide dejar las metáforas y exigir cuentas claras: el tráfico de fentanilo no es una epidemia caída del cielo, sino un negocio transnacional donde Estados Unidos juega más que el papel de víctima.
No es la primera vez que un funcionario mexicano lo dice, pero esta vez sonó diferente. La secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, y el embajador Juan Ramón de la Fuente hicieron un llamado claro durante el evento de alto nivel contra el tráfico de fentanilo: “Estados Unidos debe asumir su responsabilidad”.
No dijeron que cooperen. No dijeron que ayuden. Dijeron que se hagan cargo. Porque la demanda descomunal que sostiene esta catástrofe es interna, estadounidense, y con nombres y apellidos: farmacéuticas, distribuidores, redes de consumo digitalizadas y débiles controles estatales.
El tráfico de fentanilo no cruza solo la frontera
Mientras medios y congresistas de EE.UU. insisten en culpar a los cárteles mexicanos —como si las pastillas fueran producto de magia negra en laboratorios de narcos—, México contraataca con cifras, cooperación y una exigencia de responsabilidad compartida.
México incauta, desmantela y entrena. Pero Estados Unidos sigue teniendo una epidemia que mata a más de 100 mil personas al año. ¿Y aún así quieren llamarse “víctimas”? A otro perro con ese hueso.
El discurso mexicano incomoda a Washington
Durante la cumbre trilateral entre México, Estados Unidos y Canadá, el mensaje fue claro: la narrativa dominante está rota. México ya no aceptará el papel del país fallido y criminal, mientras Estados Unidos no se mira al espejo.
Rosa Icela lo dijo sin rodeos: “No hay consumidores sin mercado, y el mercado lo tienen ustedes”.
Y aunque Washington aplaude el trabajo conjunto, su incomodidad es evidente. Porque aceptar que el tráfico de fentanilo tiene raíces profundas en su propio sistema de salud, justicia y economía sería, en términos políticos, un suicidio de imagen.
¿Hipocresía o estrategia electoral?
¿Es esto un juego de culpas cruzadas o una estrategia de contención narrativa de cara a las elecciones en EE.UU.? Difícil saberlo. Lo cierto es que el discurso de seguridad mutó en una batalla de relato: quién controla el problema… y quién controla el micrófono.
La pregunta ahora no es si México hace lo suficiente, sino si Estados Unidos tiene el valor de admitir que este infierno blanco también lo ha fabricado.
Hablando en serio
Más allá del duelo de discursos, para México este tema es una bomba diplomática. Si se consolida la narrativa de que EE.UU. es corresponsable del tráfico de fentanilo, se redefine por completo la relación bilateral en temas de seguridad, cooperación e imagen internacional. ¿Puede México sostener esa posición sin represalias? ¿Y nosotros, como ciudadanos, sabremos exigir que se mantenga firme en este reclamo justo?

