Internacional
Colombia rechaza ayuda de rescatistas mexicanos por falta de certificación
Colombia impidió el ingreso de rescatistas mexicanos tras exigir otra certificación.
Colombia impidió el ingreso de rescatistas mexicanos tras exigir otra certificación.
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La decisión del Gobierno de Colombia de impedir el ingreso de rescatistas mexicanos enviados tras el terremoto de magnitud 7,4 provocó un nuevo desencuentro entre ambos países. La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que las autoridades colombianas solicitaron una certificación adicional para permitir la operación de la brigada especializada del Ejército mexicano.
El equipo mexicano se encontraba preparado para participar en las labores de búsqueda y rescate después del sismo que golpeó el occidente de Colombia y dejó más de 260 personas fallecidas, además de numerosos heridos y daños materiales. México también envió ayuda humanitaria, personal especializado e insumos para apoyar a las comunidades afectadas.
Colombia exige una certificación adicional a México
Sheinbaum explicó que los rescatistas mexicanos cuentan con experiencia en operaciones internacionales de emergencia, pero Colombia condicionó su entrada a la presentación de un documento adicional. La mandataria señaló que México ya había enviado la certificación correspondiente, aunque las autoridades colombianas consideraron insuficiente ese requisito.
La exigencia impidió que la brigada militar mexicana comenzara sus labores en las zonas afectadas. El Gobierno de México optó entonces por mantener la ayuda humanitaria y logística, mientras continuaban las gestiones diplomáticas para aclarar las condiciones de ingreso.
La situación generó cuestionamientos porque otros equipos extranjeros sí fueron autorizados para colaborar en Colombia. Entre los países cuyos grupos recibieron permiso se encuentran Estados Unidos, Ecuador, Israel y El Salvador.
El exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, Javier Pava, sugirió que la exclusión de algunos equipos mexicanos podía responder a una decisión política. El canciller colombiano, Omar Bula, rechazó esa acusación y negó que existiera discriminación contra México.
Brigadas mexicanas también quedaron fuera
La restricción no afectó únicamente a la brigada del Ejército mexicano. La organización Topos Tlaltelolco A.C. tampoco logró ingresar a Colombia para apoyar las labores de emergencia, pese a su experiencia en rescates tras terremotos y otros desastres.
Otra agrupación, Topos Aztecas, sí consiguió acceder a algunas zonas afectadas mediante gestiones directas con autoridades locales. La diferencia entre ambos casos abrió preguntas sobre los criterios empleados por Colombia para seleccionar a los equipos internacionales autorizados.
La participación de grupos civiles mexicanos en operaciones de rescate tiene una larga trayectoria. Desde el terremoto de 1985 en Ciudad de México, organizaciones de voluntarios han construido una reputación internacional basada en la búsqueda de personas atrapadas, la localización de sobrevivientes y la intervención en estructuras dañadas.
Esa experiencia hizo más polémica la decisión colombiana, pues la emergencia requería una respuesta rápida y coordinada. La exigencia de nuevos documentos pudo retrasar la llegada de personal especializado en un momento en que las primeras horas son decisivas para encontrar sobrevivientes.
México mantiene el apoyo humanitario
Aunque los rescatistas mexicanos no pudieron entrar al país como parte de la brigada militar, México continuó enviando asistencia. El Gobierno informó que había trasladado casi 20 toneladas de ayuda humanitaria y contemplaba aumentar el apoyo hasta alcanzar 58,5 toneladas.
La operación mexicana también incluyó la repatriación de 36 ciudadanos afectados por el terremoto. El grupo regresó a México a bordo de un avión militar que transportó ayuda para las comunidades colombianas damnificadas.
Otros mexicanos permanecían vinculados a la emergencia por motivos distintos. Al menos 118 menores que participaban en equipos de futbol infantil se encontraban en proceso de regresar al país mediante vuelos comerciales, después de quedar afectados por la interrupción de actividades y las condiciones provocadas por el sismo.
La respuesta mexicana combinó asistencia consular, traslado de personas, envío de suministros y disposición de personal de rescate. La imposibilidad de desplegar a la brigada militar redujo el alcance operativo de la ayuda, aunque no suspendió la colaboración entre ambos gobiernos.
Una disputa sobre protocolos en medio de la emergencia
La controversia revela una tensión frecuente en las operaciones internacionales de rescate: la necesidad de respetar los protocolos del país afectado puede entrar en conflicto con la urgencia de movilizar equipos experimentados.
Colombia tiene la responsabilidad de controlar el ingreso de personal extranjero y coordinar las tareas dentro de su territorio. También debe verificar la preparación, el equipo y las condiciones legales de cada grupo que participa en las labores de emergencia.
El problema aparece cuando los requisitos no se comunican con claridad o se aplican de manera desigual. Si un equipo ya cuenta con certificaciones reconocidas y aun así debe presentar una autorización adicional, las autoridades deben explicar qué norma sustenta esa decisión y por qué el requisito no fue solicitado desde el inicio.
Para México, el episodio puede tener consecuencias diplomáticas. La ayuda enviada después de una tragedia suele presentarse como una expresión de solidaridad entre pueblos, pero la exclusión de sus equipos especializados introduce una nota de desconfianza en la relación bilateral.
La prioridad inmediata sigue siendo atender a las víctimas y reconstruir las zonas dañadas. La discusión sobre las certificaciones puede resolverse después, aunque la falta de claridad durante la emergencia ya generó cuestionamientos sobre la coordinación internacional.
Pensando en México
El caso de los rescatistas mexicanos plantea una pregunta relevante sobre la preparación del país para responder ante desastres fuera de sus fronteras. México dispone de grupos militares y civiles con experiencia, pero esa capacidad solo puede convertirse en ayuda efectiva cuando existen acuerdos previos, protocolos compatibles y canales diplomáticos capaces de resolver obstáculos con rapidez.
La situación también obliga a revisar cómo se presenta la ayuda mexicana en el exterior. La experiencia acumulada por los equipos de rescate representa un recurso valioso, aunque su participación debe ajustarse a las reglas de cada país y contar con documentación reconocida antes de que ocurra una tragedia.
Si Colombia mantuvo una decisión técnica y no política, tendría que explicar con precisión sus criterios para evitar sospechas. Si los protocolos fueron aplicados de forma desigual, México debería pedir una aclaración formal sin convertir la cooperación humanitaria en un conflicto político.
¿Debe México negociar acuerdos de certificación anticipados con otros países para evitar que sus equipos queden fuera durante futuras emergencias?

