Cultura
Lo que necesitas saber sobre las nuevas etiquetas y límites para cobrar regalías con la música generada por IA
Nuevas etiquetas y políticas cambian las regalías de la música generada por IA.
Nuevas etiquetas y políticas cambian las regalías de la música generada por IA.
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La música generada por IA comienza a enfrentar reglas más precisas dentro de las plataformas digitales, aunque todavía no existe una norma internacional que regule de forma uniforme su producción y distribución. El 10 de julio de 2026, varias organizaciones de la industria anunciaron un sistema voluntario de etiquetas para diferenciar las canciones creadas principalmente con inteligencia artificial de aquellas producidas por personas con apoyo tecnológico.
La iniciativa fue respaldada por la Recording Industry Association of America (RIAA), la International Federation of the Phonographic Industry (IFPI), los premios Grammy, SAG-AFTRA, A2IM, WIN, IMPALA y la Human Artistry Campaign. Su objetivo es que los oyentes puedan saber si una grabación es “generada por IA” o “asistida por IA”.
Dos etiquetas para distinguir creación y asistencia
La propuesta contempla dos categorías. La primera identifica las obras en las que la inteligencia artificial participa de forma predominante, por ejemplo, cuando genera la voz principal, la instrumentación, la composición o una parte sustancial de la grabación.
La segunda corresponde a las producciones hechas principalmente por personas, pero que incorporan herramientas de inteligencia artificial en tareas concretas. Un músico puede emplear IA para limpiar una voz, separar instrumentos, corregir afinación, generar una textura sonora o sugerir arreglos sin que la canción deje de ser una creación humana.

La diferencia no es menor. La música generada por IA puede plantear dudas sobre la autoría, el derecho de reproducción, la identidad de la voz utilizada y el reparto de regalías. Una canción asistida por IA conserva, en principio, una participación creativa humana más clara, aunque cada caso depende de cómo se produjo y de las condiciones de la plataforma.
El sistema anunciado por la industria es voluntario y no sustituye las leyes de derechos de autor. Tampoco establece por sí mismo quién es el propietario de una canción o quién debe recibir los ingresos. Su función inicial es transparentar el origen de las grabaciones y ofrecer una referencia común a las plataformas digitales.
Tidal impone límites para pagar regalías
Tidal anunció que desde el 15 de julio de 2026 etiquetará las canciones creadas total o sustancialmente mediante inteligencia artificial. La plataforma también informó que esas grabaciones no serán elegibles para generar regalías dentro de su sistema.
La medida afecta de manera directa a quienes suben canciones producidas casi por completo con herramientas generativas. Un usuario puede crear una pista con una plataforma de IA y distribuirla, pero Tidal no le reconocerá ingresos si considera que el resultado fue generado total o sustancialmente por una máquina.
La empresa también pretende retirar contenidos vinculados con actividades fraudulentas. Entre ellos se encuentran las canciones que imiten a artistas reconocidos, reproduzcan voces identificables sin autorización o busquen engañar a los oyentes sobre quién interpreta realmente la obra.
La decisión de Tidal no equivale a una prohibición general. La plataforma no ha anunciado que vaya a eliminar toda canción en la que se haya empleado inteligencia artificial. El criterio se concentra en las producciones predominantemente sintéticas y en los casos de suplantación, engaño o abuso de identidad artística.
El cambio puede tener consecuencias para los músicos independientes. Si una canción se clasifica como música generada por IA, el artista podría conservar la posibilidad de publicarla en algunos servicios, pero perder el acceso a los ingresos de determinadas plataformas.
El origen de la canción empieza a tener valor económico
Hasta ahora, muchas plataformas se concentraban en verificar que el usuario tuviera derecho a subir una grabación. Las nuevas políticas comienzan a examinar también cómo fue producida y qué papel desempeñó la inteligencia artificial.
Para un músico, ya no basta con conservar el archivo final. Conviene guardar información sobre la herramienta utilizada, la fecha de producción, las instrucciones introducidas, las pistas originales y las modificaciones realizadas posteriormente.
También es necesario registrar si la IA intervino en la letra, la melodía, los arreglos, la instrumentación, la voz, la mezcla o la masterización. La diferencia entre generar una base instrumental y clonar la voz de una persona puede determinar si existe un problema de derechos de imagen, interpretación o identidad.
Una producción que emplea una voz sintética parecida a la de un cantante real puede ser cuestionada aunque no copie una grabación concreta. El problema puede situarse en la suplantación de la identidad vocal y en la posibilidad de que el público crea que el artista participó en la canción.
Por esa razón, los contratos deben establecer quién autoriza el uso de la IA, qué parte de la producción puede ser sintética, quién conserva los derechos, en qué países puede explotarse la obra y durante cuánto tiempo. También deben especificar la remuneración para los intérpretes cuya voz, imagen o interpretación sea recreada digitalmente.
Las regalías dependerán de la transparencia
La discusión sobre las regalías no se limita a decidir si una canción fue creada por una persona o por una máquina. También será necesario determinar si la herramienta empleó obras protegidas para entrenar su modelo, si la voz sintética reproduce rasgos identificables de un artista y si la aportación humana alcanza el nivel necesario para reclamar derechos sobre el resultado.
La música generada por IA puede contener una letra escrita por una persona, una melodía producida por un sistema automático y una voz sintética que imita a un intérprete real. Cada componente puede tener un tratamiento jurídico distinto y no siempre será posible atribuir toda la canción a un único titular.
Las plataformas están intentando resolver esa complejidad mediante etiquetas, políticas internas y sistemas de detección. El problema es que las etiquetas anunciadas por la industria son voluntarias y todavía no existe un método universal capaz de identificar con absoluta precisión todas las canciones producidas con IA.
El escenario puede cambiar cuando entren en vigor nuevas obligaciones legales en distintos territorios. Mientras tanto, los creadores que trabajen con estas herramientas tendrán que documentar sus procesos y declarar con precisión qué parte de la obra pertenece a la creatividad humana y cuál fue generada o modificada por un sistema.
La música generada por IA no está prohibida, pero su explotación comercial será cada vez menos anónima. Las plataformas exigirán más información, los oyentes tendrán más elementos para decidir qué escuchan y los artistas deberán proteger su voz, sus composiciones y sus condiciones de trabajo antes de autorizar cualquier uso sintético.
Pensando en México
México ya cuenta con reformas que protegen la voz, la imagen y las interpretaciones de los artistas frente a usos no autorizados de la inteligencia artificial pero las nuevas políticas de las plataformas pueden afectar a músicos mexicanos que distribuyan canciones en servicios internacionales.
Una etiqueta de IA podría influir en la posibilidad de recibir regalías y en la visibilidad de una grabación, por eso los contratos deben indicar qué herramientas pueden emplearse y qué usos quedan prohibidos.
La documentación del proceso creativo será cada vez más relevante para demostrar la intervención humana y esto genera una pregunta necesaria: ¿Está preparada la industria musical mexicana para registrar y negociar correctamente el uso de la IA?

