Internacional
10 muertos y 90 heridos por ataque ruso contra Kiev
Un nuevo ataque ruso a Kiev ha vuelto a convertir la madrugada en una pesadilla. Al menos 10 personas murieron y más de 90 resultaron heridas tras una serie de bombardeos masivos contra la capital ucraniana, en uno de los peores episodios registrados en las últimas semanas. La ofensiva, que incluyó misiles hipersónicos Kinzhal y drones kamikaze Shahed, golpeó infraestructuras críticas, viviendas y hospitales.
La intensidad del bombardeo fue tal que las explosiones se sintieron incluso en los suburbios más alejados. Los servicios de emergencia trabajaron durante horas entre los escombros de varios edificios, mientras los residentes evacuaban en medio del caos y la incertidumbre.
Ataque ruso a Kiev: precisión quirúrgica o castigo indiscriminado
- Los misiles impactaron en tres distritos densamente poblados, incluyendo Solomiansky y Sviatoshyn.
- Un hospital infantil y dos escuelas sufrieron daños estructurales.
- La defensa aérea ucraniana logró interceptar al menos 32 de los 44 misiles lanzados, según el Estado Mayor.
El Ministerio del Interior de Ucrania confirmó que varios de los heridos se encuentran en estado crítico. En redes sociales, circulan videos de incendios, gritos y columnas de humo que envuelven edificios reducidos a ruinas. “Fue como si estuviéramos en el infierno”, declaró una sobreviviente desde el sótano de un complejo residencial.
La respuesta: silencio o hipocresía internacional
Mientras los ucranianos contaban cuerpos, Rusia insistía en que sus ataques fueron “legítimos” y dirigidos a objetivos militares. En paralelo, las conversaciones de alto el fuego impulsadas por países europeos quedan, una vez más, en papel mojado. ¿Cómo hablar de tregua mientras se asesina civiles en masa?
Zelenski, visiblemente afectado, calificó el bombardeo como “terrorismo de Estado” y exigió sanciones más duras contra Moscú. La ONU, por su parte, emitió otro comunicado “de preocupación” que ya parece plantilla.
Hablando en serio
El ataque ruso a Kiev deja claro que la guerra no ha perdido fuerza, sino legitimidad. Las víctimas no son daños colaterales: son el precio de una comunidad internacional tibia, de acuerdos que no se cumplen y de una diplomacia que solo actúa cuando le conviene. Cada misil que cae sobre Kiev es una prueba de que el mundo sigue mirando hacia otro lado.
¿Hasta cuándo se permitirá que la agresión tenga más micrófonos que la resistencia?

