Internacional
Candidato colombiano atacado a tiros en plena campaña
Miguel Uribe Turbay permanece en estado crítico tras cirugía.
El candidato colombiano a presidencia Miguel Uribe Turbay fue herido de bala el sábado 7 de junio de 2025 mientras participaba en un mitin en Bogotá, en un episodio que expone el resurgimiento de la violencia política en el país. Uribe, senador del Centro Democrático y precandidato para las elecciones de 2026, recibió varios disparos por la espalda desde un vehículo en Fontibón.
Fue trasladado primero a una clínica local y luego a un hospital de alta especialidad, donde ingresó en estado crítico y fue sometido a una intervención de emergencia en áreas neurológicas y vasculares. La clínica confirmó que su estado era grave y su esposa pidió oraciones por su vida.
Un menor de edad, de entre 14 y 15 años, fue detenido en el lugar del atentado con el arma en la mano, luego de que los escoltas del senador repelieran el ataque. Otras dos personas también resultaron heridas en el tiroteo.
El Ministerio de Defensa anunció una recompensa de 3 000 millones de pesos colombianos por información que lleve a los autores intelectuales del ataque, y ordenó un despliegue inmediato de fuerzas militares, policía e inteligencia para esclarecer los hechos.
El presidente Gustavo Petro suspendió un viaje oficial y expresó su solidaridad con la familia Uribe. También se pronunciaron líderes de distintos partidos e incluso figuras internacionales, alertando sobre una amenaza directa a la democracia en Colombia.
El regreso de los fantasmas electorales
En un país con larga historia de sangre en procesos electorales, el atentado contra un candidato colombiano a presidencia revive las peores memorias del conflicto. Miguel Uribe, nieto del expresidente Julio César Turbay e hijo de Diana Turbay —periodista asesinada tras un secuestro político—, representa una corriente conservadora enfrentada al proyecto de Gustavo Petro.
Su imagen conecta con una narrativa de orden, familia y tradición, justo cuando la política colombiana navega entre reformas, polarización y desconfianza institucional. El ataque no solo busca apagar una voz, sino enviar un mensaje al resto: nadie está a salvo si decide participar.
Democracia sitiada por las balas
Las reacciones inmediatas desde todos los sectores del espectro político indican que la estabilidad democrática no está garantizada. En medio de campañas marcadas por amenazas, polarización y el avance del crimen organizado en zonas rurales y urbanas, este atentado expone la fragilidad de las garantías democráticas.
La pregunta ya no es si la violencia volverá a interferir en la elección presidencial, sino cómo se evitará que lo haga de nuevo. Y, sobre todo, quién se beneficia de su retorno.
Hablando en serio
El atentado contra un candidato colombiano a presidencia no solo pone en riesgo una vida política, también cuestiona la capacidad del Estado para garantizar campañas libres y seguras. Colombia aún no abandona por completo la sombra del narcotráfico y la violencia sectaria. Esa herida abierta en la campaña ya es una advertencia: sin políticas efectivas de seguridad y prevención del odio, la democracia puede quedar en evidencia y sin protección frente al miedo.
¿Quién se beneficia del miedo?

