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La casa natal de Adolf Hitler se convierte en comisaría para frenar peregrinaciones neonazis

Austria convierte la casa natal de Hitler en comisaría policial.

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La casa natal de Adolf Hitler se convierte en comisaría para frenar peregrinaciones neonazis

Austria convierte la casa natal de Hitler en comisaría policial.

La casa natal de Adolf Hitler, situada en la localidad austriaca de Braunau am Inn, fue inaugurada este miércoles como comisaría de policía. El Gobierno de Austria pretende quitarle al edificio la carga simbólica que durante décadas atrajo a admiradores del nazismo y evitar que se convierta en un lugar de peregrinación para grupos neonazis.

La decisión cierra años de debate sobre el destino de una vivienda que, pese a su apariencia ordinaria, está vinculada con uno de los capítulos más oscuros de la historia europea. El inmueble alberga ahora el Centro Policial de Braunau y dependencias de la Academia de Seguridad, donde también se impartirán cursos para agentes, incluidos contenidos relacionados con los derechos humanos.

El edificio donde nació Adolf Hitler

Adolf Hitler nació el 20 de abril de 1889 en el segundo piso de esta casa adosada, ubicada en la calle Salzburger Vorstadt 15, cerca de la frontera entre Austria y Alemania. El dictador solo vivió allí unas semanas, antes de que su familia se trasladara a otra vivienda de Braunau am Inn y posteriormente a Passau, en Alemania.

La casa fue construida originalmente en el siglo XVII y durante buena parte de su historia no tuvo ninguna relación con el nazismo. Tras la anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938, el régimen convirtió temporalmente el inmueble en un museo dedicado al dictador y colocó una placa conmemorativa.

Después de la Segunda Guerra Mundial, las autoridades intentaron evitar que el lugar se transformara en un santuario político. Desde 1972, el edificio fue arrendado por el Gobierno austriaco para albergar una organización benéfica dedicada a personas con discapacidad.

Ese uso terminó en 2011, cuando la propietaria bloqueó unas reformas destinadas a mejorar la accesibilidad del inmueble y se negó a venderlo al Estado. Tras varios años de litigios, Austria expropió la propiedad en 2017 por aproximadamente 810.000 euros.

Una inversión de 20 millones de euros

En 2019, el Gobierno austriaco anunció que el inmueble sería remodelado para convertirse en una dependencia policial. Las obras costaron alrededor de 20 millones de euros e incluyeron una transformación considerable de la fachada y de los espacios interiores.

El edificio pasó de su antiguo color amarillento a una tonalidad blanca. Las autoridades también retiraron elementos arquitectónicos que podían asociarlo con las imágenes históricas difundidas por grupos extremistas.

La nueva función fue elegida entre varias opciones. Durante el debate se planteó demoler la casa, convertirla en un centro de documentación o destinarla nuevamente a una organización benéfica. La demolición fue descartada por el riesgo de que se interpretara como un intento de borrar el pasado, mientras que un museo podía convertir el sitio en un destino para admiradores del nazismo.

La alternativa escogida fue instalar una institución pública de uso cotidiano. El razonamiento oficial es que una comisaría puede quitarle al edificio cualquier apariencia de santuario y vincularlo con la democracia, la legalidad y la protección de los derechos ciudadanos.

Las visitas neonazis nunca desaparecieron

Aunque el inmueble dejó de estar identificado públicamente como el lugar de nacimiento de Adolf Hitler, los grupos extremistas continuaron visitando Braunau am Inn. En distintas ocasiones se registraron ofrendas florales, saludos nazis y actos de homenaje frente a la casa.

Uno de los episodios más conocidos ocurrió en 2021, cuando un simpatizante de Hitler acudió al lugar el día del nacimiento del dictador y dejó una corona de flores dedicada al “difunto Adolfo”. En Austria, la exaltación del nazismo, el uso de símbolos del régimen y la glorificación de sus dirigentes están prohibidos por la legislación.

Poco antes de la inauguración de la comisaría, unos piratas informáticos manipularon la ubicación del inmueble en Google Maps y sustituyeron su número por el 88, un código utilizado por grupos neonazis como abreviatura de “Heil Hitler”. Las autoridades describieron el episodio como un incidente aislado.

Frente a la casa permanece una piedra procedente del antiguo campo de concentración de Mauthausen. La inscripción recuerda a las víctimas del fascismo y defiende la paz, la libertad y la democracia: “Nunca más fascismo. Los millones de muertos nos lo recuerdan”.

La memoria histórica divide a Austria

El ministro del Interior, Gerhard Karner, defendió la transformación del edificio como una forma de enfrentar el legado del nazismo desde las instituciones democráticas. La presencia de la policía, según el Gobierno, representa el Estado de derecho frente a la ideología que impulsó la persecución racial, la dictadura y la guerra.

El régimen nazi asesinó a unos seis millones de judíos durante el Holocausto y persiguió a otros grupos por motivos raciales, políticos, religiosos o sociales. La Segunda Guerra Mundial, desencadenada por la Alemania nazi en 1939, causó decenas de millones de muertes.

La decisión también ha recibido críticas. El Comité de Mauthausen, una de las principales organizaciones austriacas vinculadas con los supervivientes del Holocausto, considera que una comisaría puede transmitir la idea de que el país desea cerrar cuanto antes una etapa que todavía exige reflexión.

Robert Eiter, representante del comité, sostiene que la transformación no impedirá necesariamente las visitas de los extremistas y reclama que el lugar mantenga una referencia más clara a los crímenes cometidos por el régimen nazi. Para los críticos, convertir el inmueble en un espacio administrativo neutral puede reducir su atractivo, pero también limitar su valor educativo.

Un intento de quitarle el mito al lugar

Austria ha optado por una estrategia que ya tiene precedentes. En Berlín, parte del antiguo búnker donde Adolf Hitler se suicidó en 1945 fue convertida en un estacionamiento y el resto del complejo quedó sellado. Una placa discreta explica allí los hechos, sin convertir el lugar en una atracción monumental.

El caso de Braunau am Inn plantea el mismo dilema: conservar la memoria sin alimentar la fascinación. Las autoridades buscan que la casa deje de funcionar como símbolo de culto, aunque su historia seguirá siendo conocida y visitada por investigadores, periodistas y curiosos.

La conversión en comisaría no borra el pasado del inmueble. Lo que cambia es el mensaje que las instituciones intentan transmitir: el edificio donde nació el dictador ya no debe representar su figura, sino la capacidad de una sociedad democrática para controlar los símbolos que pueden ser utilizados por el extremismo.

Pensando en México

La decisión austriaca muestra la dificultad de gestionar los lugares asociados con dictadores y movimientos criminales.
Convertir la casa en comisaría reduce su atractivo turístico para los grupos neonazis, aunque no resuelve por sí solo el problema de la memoria histórica.
El debate también plantea si los espacios vinculados con el horror deben conservar una explicación visible para las nuevas generaciones.
La desaparición de los símbolos no garantiza que desaparezcan las ideologías que los utilizan.
¿Debe un lugar relacionado con un dictador servir para recordar sus crímenes o perder toda referencia pública?

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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