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Desde hoy la policía de CDMX desplegará un cerco en el estadio Banorte de 1.5 kilómetros

El cerco pretende evitar el acceso al recinto a protestantes de la CNTE y otros manifestantes.

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Desde hoy la policía de CDMX desplegará un cerco en el estadio Banorte de 1.5 kilómetros

El cerco pretende evitar el acceso al recinto a protestantes de la CNTE y otros manifestantes.

El cerco en el estadio Banorte comenzó este miércoles 10 de junio en la Ciudad de México con un despliegue policial de 1.5 kilómetros alrededor del inmueble que será sede de la inauguración del Mundial 2026. La medida llega después de las movilizaciones de la CNTE hacia la zona sur de la capital y forma parte de la estrategia oficial para blindar los accesos al estadio en vísperas del arranque del torneo.

El secretario de Gobierno capitalino, César Cravioto, explicó que el operativo busca garantizar la movilidad, contener bloqueos y asegurar que las protestas no impidan el ingreso de asistentes ni alteren la ceremonia inaugural. El mensaje del gobierno intenta vender calma, aunque el fondo del asunto es bastante menos cómodo: las autoridades saben que cualquier manifestación cerca del estadio podría convertirse en una crisis política y de imagen internacional.

La tensión no apareció de la nada. Un día antes, integrantes de la CNTE marcharon desde Tasqueña hacia el estadio Banorte y fueron contenidos por un fuerte dispositivo policial que les impidió llegar al inmueble. Esa movilización funcionó como aviso de lo que podía repetirse durante la inauguración del Mundial.

El cerco en el estadio Banorte arrancó tras las protestas de la CNTE

El cerco en el estadio Banorte no responde solo a una previsión general de seguridad por el Mundial. Responde a una amenaza política concreta: que las protestas magisteriales, junto con otras movilizaciones sociales, usen el partido inaugural como escaparate.

El País reportó que el Gobierno federal y el de la Ciudad de México enfrentan varias protestas simultáneas en los días previos al arranque del torneo, con la CNTE como actor principal. Los maestros exigen, entre otras cosas, mejoras salariales, cambios en el régimen de pensiones y diálogo directo con la presidenta Claudia Sheinbaum.

La lógica oficial es sencilla. Si no lograron desactivar la protesta por la vía política, la van a encapsular por la vía operativa.

El cerco en el estadio Banorte se extenderá en uno de los puntos más sensibles de la ciudad

La clave del operativo está en el perímetro. AMEXI precisó que el blindaje abarcará un radio de kilómetro y medio alrededor del estadio. No se trata de un simple filtro de acceso en las puertas, sino de una zona ampliada de control para restringir aproximaciones y anticipar bloqueos.

Ese dato importa porque convierte la seguridad del evento en una intervención urbana de gran escala. En una ciudad donde cualquier protesta masiva puede paralizar avenidas enteras, un perímetro así afecta movilidad, transporte, circulación local y acceso de vecinos, comercios y trabajadores de la zona.

La medida se suma a otras decisiones ya adoptadas por las autoridades para reducir presión sobre la capital durante la inauguración, como la suspensión de clases y la promoción del trabajo remoto en diversos sectores.

El cerco en el estadio Banorte muestra el miedo del gobierno a un Mundial atravesado por protestas

Aquí hay un ángulo que el discurso institucional intenta disimular. El problema no es únicamente proteger un estadio. El problema es proteger la narrativa de un Mundial ordenado, festivo y bajo control.

El País informó que el Gobierno ha llegado incluso a catalogar al estadio como una instalación de seguridad nacional para justificar controles más duros y limitar el impacto de las movilizaciones. Esa formulación no es menor. Revela hasta qué punto el Ejecutivo teme que una protesta visible en la inauguración arruine la postal que quiere proyectar al exterior.

En otras palabras, el cerco en el estadio Banorte funciona también como cerco político. No solo busca cuidar a los asistentes. Busca mantener fuera de cámara a quienes quieren recordar que, mientras rueda el balón, siguen abiertas muchas heridas sociales.

El cerco en el estadio Banorte forma parte de un operativo de seguridad mucho más amplio

La Ciudad de México ya había anunciado desde hace días un dispositivo reforzado para el Mundial 2026. Proceso reportó a inicios de junio que la SSC contemplaba desplegar más de once mil elementos en operativos vinculados al torneo. Lo de hoy, por tanto, no es una improvisación total, aunque sí parece una intensificación directa provocada por la presión de las marchas recientes.

Milenio también había documentado que la capital buscaba presentarse como la sede más videovigilada y custodiada del torneo, con decenas de miles de cámaras y monitoreo reforzado. El cerco actual encaja perfectamente en esa lógica: una ciudad observada, controlada y blindada para impedir que el espectáculo se desordene.

Lo que queda por ver es si ese despliegue servirá para contener el conflicto o solo para desplazarlo unos metros más allá.

Hablando en serio

Lo que ocurre alrededor del estadio Banorte no es una simple nota de color previa al Mundial. Es una escena bastante reveladora sobre el estado real del país. Para garantizar una inauguración sin sobresaltos, el gobierno necesita anillos de policías, suspensión de actividades, perímetros de control y negociaciones de última hora con movimientos sociales que no han sido resueltos.

Eso dice mucho. Dice que el Mundial llega a una ciudad que quiere verse moderna y preparada, pero que sigue cargando tensiones sociales que no desaparecen por decreto ni por espectáculo deportivo. México quiere mostrar capacidad organizativa ante el mundo. El problema es que también está mostrando, casi sin querer, el tamaño de sus conflictos internos.

La pregunta es bastante directa: ¿el cerco protege a los asistentes o protege al gobierno de que el país real se cuele en la foto del Mundial?

Este contenido ha sido creado por DiarioYa gracias a la colaboración con la agencia AMEXI

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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