Opinión
¿Cómplice o ineficaz? El gobierno bajo el control del crimen organizado
Es inaudito, pero no sorprendente, que en México se estén aprobando reformas judiciales bajo la sombra de las amenazas del crimen organizado. Las denuncias de Alejandro “Alito” Moreno deberían hacer temblar a cualquier gobierno decente, pero lo que obtenemos del oficialismo es silencio, complicidad o, peor aún, justificaciones vacías. ¿Qué clase de país estamos construyendo cuando quienes deberían proteger la justicia están sometidos a las armas del narcotráfico?
¿Gobierno o títere del crimen?
El hecho de que el crimen organizado tenga tanto interés en una reforma judicial no debería ser una sorpresa. Lo que sí es aterrador es que lo consigan a través de la intimidación y la violencia. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador se ha jactado de combatir la corrupción y el crimen, pero la realidad pinta un escenario opuesto. Mientras el presidente sigue hablando de una supuesta «transformación», el país cae en manos de quienes realmente mandan: los cárteles. En este teatro de sombras, el gobierno no es más que un títere.
Una reforma judicial que beneficia al crimen
Es vergonzoso que se hable de modernizar el sistema judicial mientras se permite que los verdaderos beneficiarios sean los delincuentes. La reforma judicial, bajo el manto de una supuesta actualización, está siendo diseñada, directa o indirectamente, por el crimen organizado. Es la antítesis de la justicia. Los legisladores que aprueban estas modificaciones lo hacen bajo amenaza, poniendo en riesgo la integridad del país. ¿Y el gobierno? Callado. Omiso. Cómplice.
Democracia en riesgo, indiferencia en aumento
La democracia mexicana está en peligro, pero lo que es aún más alarmante es la indiferencia con la que se manejan estos temas. Que el crimen organizado esté influyendo directamente en el proceso legislativo es la señal de un sistema roto. Si esto no cambia, no solo habremos perdido la justicia, sino también la dignidad como nación. El gobierno, en lugar de actuar como el garante de la ley, ha permitido que la delincuencia defina su agenda.

