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España somete a Argentina y encuentra en la prórroga el gol que premia su dominio
East Rutherford, Nueva Jersey. España encontró al minuto 105 el premio a una superioridad construida desde el inicio. Después de presionar, controlar la pelota y encerrar durante largos periodos a Argentina, la selección española marcó el 1-0 en el cierre del primer tiempo extra y quedó a quince minutos de conquistar la Copa del Mundo.
El marcador tardó en explicar lo que sucedía sobre el terreno de juego. España mandó casi siempre; Argentina resistió como pudo.
Desde los primeros minutos, el conjunto español impuso una circulación paciente, adelantó sus líneas y recuperó rápidamente cada balón perdido. Rodri dirigió el mediocampo, Fabián Ruiz encontró espacios entre líneas y Lamine Yamal convirtió la banda derecha en una amenaza permanente.
Argentina se vio obligada a replegarse. Cada intento de salida era sofocado por la presión española y Julián Álvarez quedó aislado entre los defensores. Lionel Messi vivió una de sus jornadas más difíciles del torneo: recibió lejos del área, sin espacio para girar y rodeado constantemente por camisetas rojas.
El capitán argentino apenas pudo influir. España le cerró las líneas de pase, le impidió acelerar y lo obligó a retroceder para buscar una pelota que casi nunca le llegó en condiciones favorables. Messi pasó buena parte de la final persiguiendo el juego, en lugar de gobernarlo.
La Roja generó las ocasiones más claras. Mikel Oyarzabal estuvo cerca de abrir el marcador antes del descanso; Marc Cucurella probó con un disparo potente desde la derecha y Dani Olmo encontró espacios en la frontal. Lamine Yamal también inquietó con sus desbordes y remates.
Emiliano Martínez sostuvo a Argentina. El arquero respondió ante los intentos españoles y mantuvo con vida a una selección que prácticamente no encontraba la manera de atacar. Su actuación, acompañada por los cierres de Cristian Romero, Nicolás Tagliafico y Gonzalo Montiel, evitó que el dominio español se reflejara antes en el marcador.
Argentina también sufrió la lesión de Lisandro Martínez, quien tuvo que abandonar el partido. Nicolás Otamendi ocupó su lugar y se incorporó a una defensa sometida a una exigencia permanente.
En el segundo tiempo, Lionel Scaloni intentó recuperar el mediocampo con el ingreso de Leandro Paredes, pero el desarrollo apenas cambió. España continuó recuperando las segundas jugadas, abrió el campo con sus laterales y volvió una y otra vez sobre el área argentina.
Los españoles fueron superiores en posesión, presión y generación ofensiva. Argentina apostó por resistir y encontrar algún contragolpe, pero Messi y Julián Álvarez permanecieron desconectados. El conjunto sudamericano concluyó los 90 minutos reglamentarios sin producir una amenaza sostenida sobre el arco de Unai Simón. España, pese a su dominio, tampoco consiguió romper el empate y la final se extendió a la prórroga.
La situación argentina se complicó todavía más con la expulsión de Enzo Fernández. Con diez futbolistas, la Albiceleste tuvo que reducir aún más sus espacios y defender cerca de Emiliano Martínez frente a una España que intensificó el asedio.
En el tiempo extra llegó una de las jugadas más polémicas de la final. Nico Williams mandó el balón a la red, pero el gol fue anulado por una falta previa señalada a Mikel Merino sobre Nicolás Otamendi. España celebró durante unos instantes, pero el árbitro invalidó la acción y mantuvo el empate. La decisión generó discusión porque el contacto fue considerado insuficiente por algunos análisis arbitrales.
La anulación no detuvo a España. El equipo de Luis de la Fuente continuó atacando, movió la pelota de un costado al otro y obligó a los argentinos a defender cada vez más cerca de su portería.
Al minuto 105, justo antes del descanso del tiempo extra, llegó finalmente el 1-0. España logró derribar la resistencia argentina y trasladó al marcador la superioridad que había sostenido durante todo el encuentro. El gol fue la consecuencia de una presión constante, de la paciencia para elaborar y de la insistencia de un equipo que nunca renunció a atacar.
Argentina llegó al último periodo de la prórroga agotada, con un jugador menos y obligada a buscar el empate después de haber pasado casi toda la final protegiendo su portería. Messi enfrentó los últimos quince minutos con la misión de rescatar una noche en la que había sido neutralizado y superado por el sistema defensivo español.
España, en cambio, entró al tramo definitivo con la ventaja y con la sensación de que el fútbol había terminado por hacer justicia. Había dominado el balón, el territorio y las oportunidades. Argentina había resistido con coraje y con Emiliano Martínez como figura, pero el gol del minuto 105 rompió finalmente el muro albiceleste.
La final llegó a su último acto con España arriba 1-0, a quince minutos del título, y con Argentina obligada a encontrar en la desesperación lo que no había conseguido construir durante todo el partido.

