Cultura
Getsemaní patrimonio inmaterial de Colombia: historia frente a la gentrificación
Getsemaní, el barrio que lucha contra la gentrificación, declarado patrimonio inmaterial de Colombia.
Contenido
El barrio Getsemaní, en Cartagena de Indias, fue reconocido oficialmente como “Patrimonio cultural inmaterial de la nación” en 2025, un gesto que busca más que homenajear su pasado: proteger su presente. Porque Getsemaní no es solo un conjunto de calles coloniales con fachadas coloridas y murales vibrantes. Es el corazón mestizo, rebelde y popular de Cartagena, un espacio donde la historia de la resistencia se pintó con música, sudor y memoria.
Getsemaní patrimonio inmaterial y el peso de la gentrificación
A finales del siglo XX, Getsemaní comenzó a perder su alma al ritmo de la gentrificación. Las casas que una vez fueron testigos de la vida cotidiana —fiestas de barrio, pregones, risas al atardecer— se transformaron en hoteles boutique, bares temáticos y restaurantes caros donde ya pocos locales pueden sentarse. La subida de precios expulsó lentamente a las familias que habían hecho del barrio una comunidad viva.
El reconocimiento como patrimonio inmaterial pretende revertir esa tendencia, pero la pregunta es si un decreto basta para detener el desplazamiento social. Porque los turistas llegan, se maravillan, hacen fotos y se van. Los habitantes, en cambio, viven allí, pagan la renta y sienten en carne propia cómo el alma de su barrio se convierte en postal.
Getsemaní patrimonio inmaterial y la memoria que no se vende
Aun así, Getsemaní se resiste. Los vecinos que no vendieron sus casas han construido una red sólida para proteger su identidad. Recuperaron murales, rescataron historias orales, promovieron festivales y lograron que la memoria se convirtiera en bandera. La calle de la Sierpe o la plaza de la Trinidad no son solo puntos turísticos, son escenarios de una batalla silenciosa por mantener viva la cultura popular.
El arte urbano se volvió el nuevo idioma del barrio. Pintores y fotógrafos, muchos nacidos allí, documentan cada grieta, cada balcón cubierto de buganvilias, como si fuera un acto político. La memoria, en Getsemaní, no se archiva: se pinta, se canta y se grita.
Getsemaní patrimonio inmaterial y la convivencia con el turismo
La convivencia entre tradición y turismo sigue siendo un equilibrio frágil. Muchos vecinos han encontrado en el comercio, la gastronomía o el hospedaje una forma de sobrevivir sin abandonar su tierra. Han aprendido a dialogar con el visitante sin entregar la esencia. Es un pacto tácito: mostrar la belleza sin vender el alma.
A diferencia de otros barrios coloniales convertidos en decorado, Getsemaní conserva un pulso humano que late detrás de cada fachada restaurada. Esa es su verdadera riqueza. No el precio del metro cuadrado, sino la capacidad de seguir siendo barrio en medio del espectáculo global del turismo.
Hablando en serio
La declaración de Getsemaní como patrimonio inmaterial abre un debate urgente sobre cómo proteger las raíces culturales sin caer en el folclor de escaparate. En Colombia, la gentrificación no solo cambia fachadas: reescribe historias. Preservar Getsemaní significa reconocer que la identidad popular también es un recurso, pero no uno que deba explotarse, sino cuidarse. ¿Será posible que la memoria colectiva sobreviva en un país que todo lo convierte en negocio?
Este contenido llega a ud. gracias a la colaboración con NOTISTARZ

