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En México el rico nace, no se hace.

En México, la riqueza no se construye desde cero: se hereda.

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En México el rico nace, no se hace.

La fórmula secreta para hacerse rico en México (y por qué casi nadie la logra)

Cómo se reparte realmente la riqueza en México

Hay países donde hacerse rico es como ganarse la lotería: improbable, caprichoso, casi poético. Pero en México, la riqueza no suele ser una apuesta ni un destello de suerte: es una herencia bien empaquetada, con moño, apellidos compuestos y cuentas familiares que se alimentan solas.

No se trata de un juicio. Es una estadística: el 73 % de los ricos en este país no lo son por su ingenio, su audacia o su “mentalidad de tiburón”; lo son porque nacieron en una cuna que ya flotaba. En contraste, en el promedio global solo el 34 % de los más ricos heredaron su fortuna. Es decir: en México la desigualdad no solo se reproduce, se perfecciona.

La movilidad social: una promesa que no llega

Y no es algo nuevo. La movilidad social ha sido históricamente una promesa incumplida. Según el informe Movilidad Social en México 2023 del CEEY, el 74 % de quienes nacen en pobreza seguirán pobres toda su vida, mientras que el 77 % de quienes nacen en la cúspide difícilmente descenderán. Una pirámide sólida, blindada, donde cada quien permanece más o menos donde empezó. Como si la riqueza tuviera memoria genética.

¿Y los que sí lo logran?

Existe un 27 % de “nuevos ricos”. Hombres —sí, casi siempre hombres—, mayores de 45, con estudios universitarios, localizados en el norte o en la capital, que hicieron carrera dentro de una empresa o iniciaron su propio negocio. Gente que sí, trabajó duro… pero también tuvo acceso a ciertas llaves: educación privada, contactos, una familia que al menos no estorbó.

Porque seamos sinceros: en un país donde el mérito parece una moneda oxidada, llegar alto sin red es casi un acto de magia. De cada 100 mexicanos que nacen fuera de la clase alta, solo 4 logran colarse entre el 5 % más rico. Cuatro. Los demás… bueno, los demás mantienen la maquinaria funcionando. Pagan impuestos. Compran en abonos. Viven con la ilusión de que el próximo sexenio, la próxima fintech, el próximo curso de “liderazgo disruptivo” hará la diferencia.

Pero no la hace.

No es falta de talento; es falta de pasarelas

Y no es que no haya talento. Lo hay. Lo que no hay es pasarela. Ni escaleras. Ni siquiera un hueco en la cerca por donde asomar la cabeza.

En cambio, lo que sí hay son apellidos que suenan a avenidas, colegios donde se enseña más a pertenecer que a pensar, abuelos que financian startups con el mismo desparpajo con el que otros pagan el súper con vales. Hay también un relato cultural que romantiza el esfuerzo mientras lo sabotea: trabaja duro, sé puntual, estudia ingeniería… aunque todo esté ya repartido.

Las excepciones confirman la regla

Y sí, hay excepciones. Siempre las hay. Un emprendedor que acertó con la app correcta. Una mujer que rompió techos de cristal con los puños sangrantes. Un tipo que vendió birria en la esquina y hoy factura millones. Pero las excepciones no desmienten la regla: la confirman.

Conclusión: lo que de verdad hace falta para volverse rico

La conclusión ya ni tan siquiera es amarga. Es inevitable. En México, para volverse rico, lo primero que hay que tener es una familia rica. Lo demás —el carisma, la resiliencia, el PowerPoint motivacional— puede ayudar… pero no sustituye.

Y eso, se quiera o no, lo cambia todo.

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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