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Encapuchados provocan quema de libros durante protestas en la UNAM

La presidenta Claudia Sheinbaum no tardó en responder: “Solo los fascistas hacen eso”.

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Encapuchados provocan quema de libros durante protestas en la UNAM

La escena fue digna de una distopía: encapuchados lanzando libros al fuego en plena Universidad Nacional Autónoma de México. No es una metáfora. Ocurrió el domingo 20 de julio en el Centro Cultural Universitario durante una marcha contra la gentrificación.

La presidenta Claudia Sheinbaum no tardó en responder: “Solo los fascistas hacen eso”.

El suceso no pasó desapercibido. Mientras algunos justificaban la rabia como expresión legítima contra la elitización del espacio universitario, otros se estremecieron al ver textos ardiendo en nombre de una supuesta causa social. ¿Dónde quedó la diferencia entre protesta y barbarie?

Sheinbaum aprovechó su conferencia mañanera para marcar distancia: “Quemar libros tiene un significado muy profundo en la historia: los únicos que han quemado libros son los fascistas”. Y tiene razón. Aunque su postura también parece enviar otro mensaje: en su gobierno no se tolerará el extremismo disfrazado de activismo.

Quema de libros UNAM: un símbolo que no se puede minimizar

La librería Julio Torri, ubicada en el MUAC, fue el blanco. No era un banco ni una inmobiliaria. Era un espacio de divulgación cultural. El ataque no fue accidental: se arrancaron portadas, se escupieron títulos, se corearon consignas contra el “capitalismo editorial”.

La ironía es brutal: en nombre de la protesta social, quemaron lo que más necesitan quienes luchan contra la desigualdad: conocimiento.

¿Quién gana con esto? ¿Quién realmente está detrás? Hasta ahora no hay detenidos ni se ha confirmado el origen del grupo. La UNAM anunció denuncias, pero sin nombres ni rostros, el acto se diluye en el anonimato útil del encapuchado.

Quema de libros UNAM: ¿acto aislado o síntoma de algo mayor?

Este hecho ocurre en un momento incómodo: debates sobre libertad de expresión, tensiones dentro de la universidad, y un clima social donde la indignación se capitaliza rápido.

¿Se trató de un grupo radical infiltrado para desacreditar la marcha? ¿O de jóvenes hartos que cruzaron una línea sin retorno?

El problema es que actos como este debilitan las causas legítimas. Alimentan la narrativa conservadora. Justifican la represión. Y transforman un movimiento social en un espectáculo incendiario sin propósito claro.

Quema de libros UNAM: la respuesta institucional no basta

Sheinbaum reaccionó fuerte. La UNAM prometió denunciar. Pero la ciudadanía aún no sabe quién quemó qué, por qué y con qué consecuencias. Mientras tanto, el fuego sigue ardiendo en redes sociales, donde los bandos se radicalizan más.

Si este acto queda impune, será una señal peligrosa: que el extremismo sirve. Que el simbolismo importa más que el fondo. Y que la violencia puede travestirse de causa.

Hablando en serio

El acto de quemar libros en la UNAM debería encender alertas profundas en México. Más allá del repudio presidencial, lo ocurrido exhibe la fragilidad del espacio universitario ante formas de protesta cada vez más confusas. La quema de conocimiento no es resistencia: es un retroceso. Si no se identifican responsables y se abre el debate sobre los límites del activismo, la ciudadanía quedará atrapada entre la represión estatal y la insensatez encapuchada.

¿Estamos dispuestos a tolerar la destrucción de símbolos culturales en nombre de causas mal dirigidas?

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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