Internacional
Sanidad pública española abandona a paciente y su familia recurre a un GoFundMe para salvarle la vida
Un caso real revela cómo la sanidad pública española abandona a paciente y obliga a su familia a pagar una cirugía vital.
Contenido
Cuando un sistema sanitario llega al punto de declarar “inoperable” a una persona y la empuja a esperar la muerte, algo se ha roto. No en un expediente, sino en la lógica básica de un servicio que se presume universal. El caso de Elisabeth Roldán Cómitre, malagueña de 39 años, lo expone con crudeza: la sanidad pública andaluza cerró la puerta y la familia tuvo que abrir otra a golpe de solidaridad digital.
El diagnóstico fue demoledor. Un sarcoma de Ewing recidivado, adherido a la pleura del pulmón, con crecimiento progresivo tras un año y medio de tratamientos oncológicos sin respuesta. La conclusión oficial fue tajante: no había opción quirúrgica. El tiempo, dijeron, haría el resto.
Un “inoperable” que respiraba con dificultad
El tumor alcanzó los cuatro kilos. Elisabeth apenas podía caminar, respirar o dormir. El riesgo de muerte súbita era real. La alternativa ofrecida por el sistema fue continuar con terapias que ya habían fracasado. Ninguna derivación a una unidad especializada fuera del circuito habitual. Ninguna segunda opinión con un perfil quirúrgico avanzado. El reloj seguía corriendo.
La escena cambió un 31 de diciembre. Una llamada, hecha por su hermano, dio con un nombre que en otros países suena a referencia y aquí no siempre entra en el radar público: Diego González Rivas, cirujano torácico con proyección internacional, pionero en técnicas mínimamente invasivas para tumores complejos del tórax.
La operación que sí existía
La intervención se realizó el 2 de enero de 2026 en el Hospital San Rafael, centro privado de A Coruña. Cinco horas de cirugía para extirpar por completo una masa que otros descartaron sin intentar. El resultado fue confirmado por el propio cirujano en redes: resección completa, sin residuos tumorales.
Elisabeth lo resumió con una frase sencilla: “He vuelto a nacer”. Antes, le habían dado tres meses de vida.
Aquí aparece la pregunta incómoda: si la cirugía era posible, si el conocimiento existía, si el especialista estaba en el mismo país, ¿por qué el sistema no llegó hasta ahí?
El perfil que el sistema no buscó
González Rivas no es un nombre improvisado. Formado en la Universidad de Santiago de Compostela y en cirugía torácica en A Coruña, es uno de los impulsores de la cirugía uniportal VATS, técnica que reduce trauma, sangrado y tiempos de recuperación. Dirige programas formativos en Asia, ha operado y formado cirujanos en decenas de países y acumula publicaciones científicas en cirugía torácica avanzada.
No es oncólogo general. Es cirujano torácico especializado. Ese matiz, decisivo, parece haber quedado fuera del recorrido asistencial público.
Cuando la solidaridad sustituye al Estado
La familia de Elisabeth lanzó una campaña para cubrir costes quirúrgicos, hospitalización y tratamientos posteriores no cubiertos por la Seguridad Social. No hablamos de caprichos ni de terapias experimentales sin aval. Hablamos de una operación que salvó una vida.
La existencia de ese GoFundMe no es una anécdota emotiva. Es un síntoma. Cuando la sanidad pública española abandona a paciente y la solución llega por transferencia bancaria colectiva, el relato de cobertura universal pierde consistencia.
Un patrón que se repite en silencio
Casos como este suelen circular en voz baja. No encajan bien en los discursos triunfalistas ni en las estadísticas agregadas. El sistema funciona, se dice, hasta que no lo hace. Y cuando falla, la carga se traslada a las familias, al endeudamiento o a la caridad organizada.
Aquí no hay acusaciones gratuitas. Hay hechos comprobables: un diagnóstico de inoperabilidad, una cirugía posterior exitosa, y una familia obligada a financiar lo que el sistema no asumió.
La sanidad pública española abandona a paciente declarándola “inoperable”
El concepto de inoperable no es absoluto. Depende del equipo, de la experiencia y del acceso a técnicas concretas. Convertirlo en sentencia final sin explorar derivaciones especializadas plantea dudas razonables sobre los protocolos reales de segunda opinión.
El contacto con el cirujano llegó por redes sociales. No por un comité clínico ampliado. No por una derivación interhospitalaria. Ese dato, por sí solo, merece reflexión.
La operación salvó la vida de Elisabeth. El coste recayó en la familia y ahora piden ayuda de donantes anónimos para poder afrontar los gastos que esto ha generado.
Si desea aportar a la campaña GoFundMe
Si desea aportar a la campaña de aportación GoFundMe puede hacerlo en el siguiente enlace: GoFundMe Elisabeth Roldán Cómitre
Hablando en serio
En México conocemos bien la frontera entre lo público que no alcanza y lo privado que salva, siempre que se pueda pagar. Ver ese mismo esquema en España inquieta porque rompe un referente histórico. Cuando un sistema decide que no hay nada más que hacer y la realidad lo desmiente, la confianza se erosiona.
La pregunta ya no es si hay médicos capaces. Es si el sistema está dispuesto a buscarlos cuando el caso se sale del guion.
¿Hasta qué punto un diagnóstico de “inoperable” depende más de los recursos disponibles que de las posibilidades reales del paciente?

