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Las trampas en el examen de la UNAM que burlaron 12 filtros de seguridad

La UNAM revisa un examen en línea burlado pese a 12 filtros de seguridad.

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Las trampas en el examen de la UNAM que burlaron 12 filtros de seguridad

La UNAM revisa un examen en línea burlado pese a 12 filtros de seguridad.

Las trampas en el examen de la UNAM provocaron la suspensión temporal de las inscripciones para casi 160 mil aspirantes, después de que la universidad detectara resultados inusualmente altos y posibles irregularidades en la primera aplicación en línea de su prueba de ingreso a licenciatura.

La institución instaló una comisión técnica para revisar el procedimiento, los datos obtenidos y las condiciones en que se desarrolló el concurso de selección. Cerca de 3 mil aspirantes fueron suspendidos durante los casi 19 días que duró la evaluación por presentar conductas contrarias a lo establecido en la convocatoria.

Un examen vigilado por tecnología y supervisores

El examen de ingreso se realizó mediante una plataforma desarrollada por la empresa mexicana Territorium Life. La UNAM adjudicó directamente el contrato, cuyo valor alcanzó 36 millones de pesos, con una tarifa de 227.85 pesos por cada prueba realizada.

El acuerdo contemplaba una capacidad mínima de 154 mil aspirantes y máxima de 385 mil. La empresa fue seleccionada por su experiencia en la aplicación simultánea de más de 30 mil exámenes, según los documentos relacionados con la contratación.

El sistema exigía instalar LockDown Browser, un navegador diseñado para bloquear el equipo durante la prueba. La aplicación impedía minimizar la ventana, abrir otros programas, acceder a barras de herramientas, copiar y pegar texto o realizar capturas de pantalla.

También se restringía el uso de varios monitores, sistemas de grabación y transmisión de pantalla. La plataforma debía impedir que el aspirante ingresara desde más de un dispositivo durante la evaluación.

La identidad se verificaba mediante el rostro del estudiante y una identificación oficial. El proceso de reconocimiento se repetía en distintos momentos del examen y la persona debía decir su nombre completo frente a la cámara.

Inteligencia artificial para detectar irregularidades

El contrato establecía un monitoreo permanente mediante algoritmos de inteligencia artificial. El sistema debía identificar la presencia de terceras personas, dispositivos electrónicos, teléfonos celulares, audífonos u objetos prohibidos dentro del espacio de aplicación.

También debía detectar la ausencia injustificada del aspirante y registrar posibles cambios en su comportamiento. La plataforma recopilaba pruebas durante toda la evaluación para que las alertas pudieran ser revisadas por personal de la universidad.

El micrófono grababa de forma constante el sonido ambiental del lugar donde se presentaba el examen. La finalidad era detectar conversaciones, indicaciones externas u otros ruidos que pudieran relacionarse con conductas no permitidas.

La pantalla se capturaba cada vez que el estudiante guardaba una respuesta. El sistema también conservaba una bitácora de las acciones realizadas dentro de la plataforma, con la intención de reconstruir lo ocurrido ante cualquier sospecha.

La vigilancia tecnológica se complementaba con supervisores humanos. El contrato contemplaba un supervisor por cada 150 aspirantes, encargado de recibir las alertas generadas por el sistema y comunicar los casos a las mesas de decisión de la UNAM.

Cómo fueron burlados los controles

El caso ha expuesto los límites de los sistemas de supervisión remota. Aunque la plataforma bloqueaba aplicaciones, cámaras, micrófonos y funciones habituales de los equipos, los resultados detectados por la universidad sugieren que algunos aspirantes encontraron formas de evadir los controles o recibir ayuda durante la prueba.

La información disponible no permite establecer todavía qué método fue empleado en cada caso. Tampoco se ha determinado si las irregularidades fueron resultado de fallas técnicas, errores en la supervisión, coordinación entre aspirantes o intervención de personas externas.

La directora de Gestión Estratégica y Primer Ingreso, Gloria Ibett González Parada, explicó que la inteligencia artificial no cancelaba automáticamente los exámenes. Las decisiones correspondían a personas encargadas de revisar las alertas y determinar si existía una conducta irregular.

Esta precisión será relevante para definir la responsabilidad de cada participante. Una alerta tecnológica no equivale por sí misma a una prueba de fraude, ya que puede producirse por problemas de conexión, movimientos involuntarios, fallas en la cámara o condiciones del entorno que no implican una conducta deliberada.

Resultados demasiado altos bajo revisión

Las sospechas surgieron después de que la UNAM detectara numerosos resultados casi perfectos. La repetición de puntuaciones excepcionalmente altas llevó a considerar que no se trataba únicamente de casos aislados de estudiantes con una preparación extraordinaria.

La universidad decidió detener el proceso de inscripción mientras la comisión técnica analiza los resultados y el funcionamiento de la plataforma. La medida afecta a los aspirantes que esperaban avanzar hacia la siguiente etapa del ingreso a licenciatura.

El rector Leonardo Lomelí Vanegas instruyó la elaboración de un informe detallado sobre el proceso de selección correspondiente al ciclo escolar 2026-2027. La comisión deberá estudiar los datos del examen, el procedimiento de aplicación y los factores que pudieron influir en el desempeño de los estudiantes.

La revisión tendrá que resolver si los resultados pueden considerarse válidos, si deben excluirse determinados exámenes o si será necesario aplicar medidas adicionales para garantizar que el ingreso se asigne con criterios comparables entre todos los participantes.

El problema no termina con la suspensión

Las trampas en el examen de la UNAM afectan a quienes obtuvieron un resultado legítimo y ahora enfrentan incertidumbre sobre su posible ingreso. También ponen en duda la capacidad de una institución pública para delegar un proceso de alta importancia académica en una plataforma contratada a una empresa externa.

El examen no solo determina quién obtiene un lugar en una carrera. Para miles de jóvenes representa años de preparación, gastos familiares y una oportunidad limitada de acceder a la educación superior pública.

La UNAM deberá explicar qué ocurrió sin criminalizar a todos los aspirantes suspendidos ni presentar como culpables a quienes solo fueron identificados por una alerta automática. Al mismo tiempo, tendrá que informar con claridad qué criterios aplicará para proteger a quienes sí cumplieron las reglas.

Las trampas en el examen de la UNAM también plantean una pregunta sobre el alcance real de la vigilancia digital. Un sistema puede grabar el rostro, el sonido, la pantalla y cada movimiento dentro de una plataforma, pero eso no garantiza que pueda controlar todo lo que sucede fuera del campo de visión de una cámara.

La universidad enfrenta ahora el reto de preservar la credibilidad del concurso sin retrasar indefinidamente el calendario académico. La respuesta que adopte determinará si el examen en línea puede corregirse o si el modelo tendrá que ser replanteado desde sus bases.

Pensando en México

El caso muestra los riesgos de trasladar procesos decisivos a plataformas digitales sin mecanismos públicos de auditoría suficientemente claros. La tecnología puede detectar conductas sospechosas, pero no sustituye la revisión humana ni la responsabilidad institucional.

Miles de estudiantes podrían verse afectados por irregularidades cometidas por una parte del grupo y su implicación delata que las universidades mexicanas necesitan reglas transparentes para contratar, supervisar y evaluar estos sistemas.

La pregunta es quién debe asumir el costo cuando un examen supuestamente blindado deja de ser confiable.

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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