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Europa, Trump, una estafa y un campo de Golf

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Europa, Trump, una estafa y un campo de Golf

El campo de golf y la vergüenza

Yo no sé tú, pero a mí las fotos con fondo de césped bien cortado siempre me dan mala espina. Será que en ellas casi nunca se firma algo bueno, salvo bodas mal planeadas o tratados que saben a rendición. Y el acuerdo de Turnberry —ese pacto recién cocido entre la Unión Europea y Donald Trump— no es la excepción. La escena: un campo de golf. El personaje: Trump, sonriente, manos firmes, traje ajustado. Y frente a él, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, vendiendo la ilusión de un triunfo diplomático que, me temo, huele más a claudicación que a estrategia.

Europa: el eterno personaje secundario

Me temo que la vieja Europa se ha convertido, otra vez, en ese actor de reparto que asiente, que firma sin negociar, que posa sin convicción. ¿No se suponía que habíamos aprendido algo del Brexit, de las crisis energéticas, de la pandemia? Pues parece que no. Porque ahí estaban, con un arancel del 15 % como quien se deja arañar la dignidad en público. Y encima con la sonrisa de “menos mal que no nos ha puesto el 30 %”. Qué bajo está el listón de lo aceptable cuando la alternativa es el castigo.

¿Y sabéis qué es lo más indecente? Que no hubo ni debate ni valentía. Sólo una carrera absurda por cerrar un “acuerdo” —me niego a llamarlo tratado— que perjudica de forma descarada a sectores clave de nuestra economía: automoción, medicamentos, agroindustria… el esqueleto de lo que nos queda.

De Bruselas a la caricatura

No sé en qué momento exacto Bruselas dejó de ser un centro político para convertirse en una sucursal del bufón imperial. Quizás fue el día en que aceptamos como natural que Estados Unidos nos trate como a un primo menor. Quizás fue el momento en que nuestros líderes empezaron a negociar como quien pide perdón por existir.

Porque no nos engañemos: esto no va de comercio, va de imagen, de soberanía, de política exterior. Y lo que se ha proyectado desde ese campo de golf escocés es una Europa servil, apocada, sin voz. Una Europa que se deja hacer. Una Europa que calla porque teme perder lo poco que aún cree poseer.

El canto hueco de la extrema derecha

Y sí, la extrema derecha europea ha salido en estampida, gritando “¡traición!”. Pero no os equivoquéis: no por defender a Europa, sino por oportunismo vulgar. Porque les encanta ver a Von der Leyen tambalearse, porque están oliendo sangre y saben que en las urnas se pesca mejor cuando el pueblo siente vergüenza ajena. Lo hacen por cálculo, no por convicción. Y aun así, qué triste que sus críticas suenen más lúcidas que los comunicados oficiales de la Comisión.

No era sólo un campo de golf

El problema no es Turnberry. Ni siquiera Trump, que al fin y al cabo juega el papel que siempre ha sabido representar: el del tiburón sin escrúpulos que huele la debilidad. El problema es quién firma, quién traga, quién entrega la llave sin siquiera pedir explicaciones.

Europa no ha firmado un tratado. Ha firmado su falta de estrategia. Ha ratificado que su autonomía estratégica era una quimera. Y ha sellado, con apretón de manos incluido, su rol en el nuevo orden global: el del continente decorativo.

No sabría decir cuánto durará esta farsa. Pero sí sé que, una vez más, el césped estaba demasiado bien cortado.

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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