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Detienen a los Alfas, peligrosa célula criminal de Edomex
Detienen a los Alfas de Edomex, peligrosa célula criminal que operaba con impunidad. ¿Quién los protegía?
Los Alfas de Edomex no eran un mito urbano ni una banda de barrio con ínfulas de poder. Eran una célula bien organizada, con jerarquía militar y un historial de violencia tan explícito que uno se pregunta cómo tardaron tanto en desarticularlos. Esta semana, tras una operación relámpago en Naucalpan y Tlalnepantla, autoridades estatales y federales lograron capturar a ocho de sus integrantes, todos con historial delictivo y vínculos con el crimen organizado.
Lo interesante —y alarmante— no es sólo que existieran, sino que operaban con impunidad casi total. Extorsiones, secuestros, distribución de drogas y hasta entrenamiento paramilitar. Los Alfas, según las autoridades, imitaban las prácticas de los cárteles más poderosos: códigos internos, armas largas, disciplina táctica. Todo esto en pleno Valle de México, a unas cuantas cuadras de cualquier centro comercial.
Pero, como suele pasar, las preguntas superan a las respuestas. ¿Quién los protegía? ¿Por qué ahora, justo ahora, deciden atraparlos? ¿Será una distracción, una limpieza interna o simplemente una casualidad política?
¿Quiénes eran los Alfas de Edomex?
Según el informe de la Secretaría de Seguridad estatal, los Alfas eran una célula independiente pero conectada con grupos mayores. Se especializaban en controlar plazas pequeñas mediante el terror. Su modus operandi incluía intimidación a comerciantes, vigilancia armada en zonas residenciales y cobro de piso en mercados populares.
No eran improvisados. Uno de los detenidos tenía entrenamiento militar. Otro había sido procesado por desaparición forzada en 2017. Y todos compartían una característica: el silencio. Ninguno habló durante su detención. Ninguno pidió ayuda.
El operativo sorpresa y la caída del grupo
La intervención ocurrió de noche. Helicópteros sobrevolando zonas urbanas, camionetas blindadas entrando por calles estrechas y vecinos que, entre el miedo y la sorpresa, grababan lo ocurrido con sus celulares. La narrativa oficial habla de meses de seguimiento y colaboración interinstitucional. Aunque claro, no falta quien sospeche que alguien «autorizó» la redada.
El gobernador del Estado de México celebró el golpe como un avance contra la inseguridad. Pero en redes sociales, las opiniones fueron menos entusiastas: «¿Y los que les daban protección?», «¿Qué hay de los que sabían y callaron?», «Esto apenas empieza».
¿Qué sigue tras la caída de los Alfas de Edomex?
Tras el golpe mediático, viene la parte difícil: sostener el caso. Porque no basta con detener. Hay que demostrar, procesar y sentenciar. Y en México, eso no es precisamente lo más común. La corrupción judicial, la falta de pruebas sólidas o la “pérdida de expedientes” suelen convertir estos golpes espectaculares en anécdotas pasajeras.
Peor aún: cuando una célula cae, otra aparece. O se fragmenta en tres. ¿Quién ocupará el lugar de los Alfas? ¿Qué vacíos de poder están a punto de abrirse?
Hablando en serio
El caso de los Alfas de Edomex expone una verdad incómoda para los ciudadanos: el crimen organizado ya no es exclusivo de zonas rurales o estados fronterizos. Está en el corazón del país, adaptado al entorno urbano, y funcionando como una empresa criminal con visión de largo plazo. Las detenciones son necesarias, sí, pero mientras no haya transformación estructural en policías, fiscalías y jueces, la historia se repetirá. ¿Realmente estamos ganando la guerra o sólo maquillando el campo de batalla?

