Internacional
El fenómeno de El Niño de 2026 se sale de las cartas y los registros históricos
El Niño de 2026 podría alterar lluvias, sequías y temperaturas hasta 2027.
El Niño extremo de 2026 avanza con temperaturas oceánicas excepcionales y podría alterar lluvias, sequías y temperaturas hasta 2027.
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El Niño extremo de 2026 se está desarrollando con una intensidad que ha llevado a varios organismos meteorológicos a emitir advertencias extraordinarias. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) calcula que existe una probabilidad cercana al 100 % de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027, mientras que el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos estimó en agosto un 69 % de posibilidades de que el episodio supere la intensidad de todos los registrados desde 1950.
La expresión “fuera de escala” se ha extendido en redes sociales para describir el fenómeno, aunque no significa literalmente que El Niño haya rebasado las escalas científicas. Lo que indican los datos es que las temperaturas observadas y proyectadas se aproximan a niveles excepcionales dentro de los registros disponibles.
El Pacífico acumula un calentamiento extraordinario
El Niño se origina cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan por encima de lo normal. Ese calentamiento modifica la circulación atmosférica y altera los patrones de lluvia y temperatura en regiones situadas a miles de kilómetros.
El indicador más utilizado es el índice Niño 3.4, que mide la anomalía térmica en una zona específica del Pacífico. Según la OMM, la temperatura media de esa región pasó de 1.5 grados Celsius por encima de lo normal entre mayo y julio a 2 grados en julio.
Durante las semanas posteriores, los registros semanales llegaron a situarse entre 2.2 y 2.6 grados por encima del promedio. En algunas zonas situadas bajo la superficie del océano, las temperaturas fueron más de 8 grados superiores a la media durante julio y principios de agosto.
Estos datos explican por qué los modelos meteorológicos prevén un episodio muy fuerte. El fenómeno todavía puede cambiar de intensidad, pero las señales oceánicas y atmosféricas coinciden en apuntar hacia una evolución excepcional.
La predicción británica apunta a un episodio sin precedentes recientes
El Met Office del Reino Unido advirtió que 2026 podría registrar el El Niño más intenso de la memoria reciente y posiblemente el mayor desde el siglo XIX. Sus modelos proyectan un calentamiento superior a 3 grados Celsius en el Pacífico ecuatorial hacia el final del año.
Un El Niño normal suele producir un calentamiento de entre 1 y 2 grados. Cuando la anomalía alcanza los 2 grados, el episodio ya se considera importante. Las proyecciones superiores a 3 grados explican el lenguaje utilizado por algunos especialistas para advertir que el fenómeno podría superar la experiencia climática contemporánea.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos también calculó que existía más de un 90 % de probabilidad de que se desarrollara un evento muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales de 2026 y 2027.
La posibilidad de que alcance un récord no implica que todos los países vayan a experimentar el mismo tipo de desastre. El Niño modifica las condiciones regionales de manera desigual. Algunas zonas reciben lluvias intensas, mientras otras enfrentan sequías, incendios o pérdidas agrícolas.
El calentamiento global puede agravar sus efectos
El Niño es un fenómeno natural y no está causado por el cambio climático. La OMM insiste en esa distinción para evitar una explicación incorrecta del proceso.
El calentamiento global sí puede intensificar sus consecuencias. Un océano más caliente, una atmósfera con mayor capacidad para retener vapor de agua y temperaturas globales ya elevadas crean un escenario donde las alteraciones provocadas por El Niño pueden expresarse con mayor severidad.
La combinación puede favorecer olas de calor, lluvias torrenciales, inundaciones, sequías prolongadas y temporadas de incendios más destructivas. También puede afectar la producción de alimentos y presionar los precios de productos básicos.
El Programa Mundial de Alimentos calculó que un episodio fuerte podría empujar a casi 49 millones de personas adicionales hacia una situación de inseguridad alimentaria aguda en algunas de las regiones más vulnerables del planeta.
México debe prepararse para impactos regionales distintos
En México, El Niño no produce un efecto único. Sus consecuencias dependen de la estación, la región y la interacción con otros fenómenos atmosféricos.
El noroeste y algunas zonas del centro pueden enfrentar periodos secos o temperaturas superiores a la media. En otras regiones, la interacción con sistemas tropicales puede aumentar las lluvias intensas, los deslaves y las inundaciones.
La propia OMM advierte que la intensidad general del fenómeno no permite predecir por sí sola el impacto concreto en cada país. También influyen las condiciones del Atlántico, el océano Índico, la temperatura del suelo y la evolución de los sistemas tropicales.
México necesita traducir los pronósticos globales en medidas locales: vigilancia de presas, protección de cultivos, prevención de incendios, mantenimiento de drenajes y sistemas de alerta capaces de llegar a comunidades aisladas.
Pensando en México
El Niño extremo de 2026 puede convertirse en una prueba para la planeación climática mexicana. El país no puede limitarse a informar que habrá calor, lluvias o sequía: necesita anticipar sus efectos sobre el agua, la agricultura, la energía, la salud y los precios.
La advertencia científica no permite afirmar que todos los pronósticos más alarmistas vayan a cumplirse, pero sí confirma que el riesgo es suficientemente alto para justificar medidas preventivas. ¿México está preparando sus sistemas de agua, salud y protección civil para un episodio que podría superar los registros recientes?
Fuentes: Organización Meteorológica Mundial, NOAA, Met Office, Reuters, Programa Mundial de Alimentos

