Internacional
Estados Unidos declara grupo terrorista al Clan del Golfo y advierte intervenciones
EE.UU. lanza advertencia de posibles intervenciones para frenar su expansión-
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La etiqueta llegó tarde, pero llegó. Washington ha decidido llamar al Clan del Golfo por lo que ya era: un grupo terrorista. No se trata solo de palabras; esta designación implica una posible ola de persecuciones internacionales, congelamiento de activos y cooperación militar reforzada. El Departamento de Estado de Estados Unidos ya puso en la mira a tres de sus líderes más conocidos, entre ellos alias “Siopas”, un viejo fantasma armado hasta los dientes que ha sobrevivido a traiciones, emboscadas y pactos rotos.
La medida fue anunciada este lunes, apuntando al núcleo del grupo narcoparamilitar que opera en Colombia y otras rutas clave de tráfico en América Latina. En el comunicado oficial, se les señala por tráfico de drogas, minería ilegal, asesinato de líderes sociales, extorsión, desplazamientos forzados y, por si quedaba duda, terrorismo. Pero lo que más ruido hizo fue el cierre del mensaje: Estados Unidos advirtió que tomará medidas “para proteger a sus ciudadanos y aliados”, lo que en lenguaje diplomático suena bastante parecido a: “no nos temblará la mano”.
El Clan del Golfo, una hidra con demasiadas cabezas
El Clan del Golfo no es un cartel clásico, sino una estructura mafiosa de raíces paramilitares que se ha transformado, mutado, adaptado. Su origen se remonta a los herederos del bloque Élmer Cárdenas de las AUC. Aunque en los papeles se han desmovilizado varias veces, en los hechos solo han cambiado de nombre, de líderes y de color en los uniformes. Hoy controlan rutas de cocaína, ejercen poder sobre comunidades rurales y se financian también con minería ilegal. Son, en muchos territorios, más Estado que el propio Estado.
Su lógica de guerra ha incluido asesinatos selectivos, alianzas con otras bandas, infiltración institucional e incluso campañas en redes sociales para lavarse la cara. Pero ahora, con la designación oficial como grupo terrorista, el Clan del Golfo podría enfrentar algo que no le gusta: la atención internacional.
Qué cambia con la etiqueta de “terrorista”
Aunque ya eran perseguidos por narcotráfico, este nuevo estatus endurece el trato. Cualquier apoyo material al Clan del Golfo —desde armas hasta lavado de dinero— puede ser considerado delito federal en Estados Unidos. Bancos, empresas y hasta funcionarios públicos que tengan vínculos con ellos, directa o indirectamente, quedan bajo lupa.
Y no es solo retórica: Estados Unidos ha emitido ya órdenes de captura internacionales contra sus cabecillas y se espera colaboración de agencias como la DEA, el FBI y fuerzas especiales. Si Colombia acepta el juego, podríamos ver operativos conjuntos, extradiciones aceleradas y, como mínimo, presión diplomática sobre quienes han tolerado su expansión territorial.
El Clan del Golfo y ahora ¿quién sigue?
Otros grupos delictivos de América Latina que podrían ser señalados próximamente como organizaciones terroristas, si se sigue el mismo criterio aplicado al Clan del Golfo, incluyen a: el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en México, ambos con capacidad militar, presencia internacional y un historial brutal de violencia; el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho en Brasil, que controlan territorios desde las cárceles y disputan rutas de droga con armamento de guerra; la banda Tren de Aragua, nacida en Venezuela pero ya activa en Colombia, Perú, Chile y Argentina, conocida por secuestros, extorsión y trata de personas; la Familia Michoacana, que ha diversificado sus crímenes a la explotación ilegal de recursos naturales; y Los Choneros en Ecuador, responsables del colapso de seguridad en ese país. Todos ellos tienen un factor en común: ya no operan como simples bandas, sino como mafias transnacionales con estructura militar, redes financieras y capacidad de corrupción política.
Hablando en serio
La designación del Clan del Golfo como grupo terrorista podría abrir la puerta a una intervención más directa de Estados Unidos en Colombia y otros países latinoamericanos donde esta organización opera. Para México, este cambio prende una alarma: muchas rutas del narcotráfico cruzan por territorio mexicano o dependen de alianzas con grupos locales. Si la política estadounidense se vuelve más agresiva contra estos nexos, ¿estamos preparados para el siguiente capítulo de militarización binacional?

