Internacional
Maduro acusa a EE.UU. de querer iniciar una guerra continental por el petróleo
Maduro acusa a EE.UU. de querer iniciar una guerra continental por petróleo y se proclama defensor de la paz en América Latina.
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Nicolás Maduro no se anduvo con rodeos. Desde Caracas, el presidente venezolano lanzó una acusación que suena más a declaración de intenciones que a simple advertencia: Estados Unidos estaría moviendo piezas para provocar una guerra en América Latina, con el petróleo como excusa. Y no lo dice en tono de víctima; lo dice como quien se sabe en el centro del tablero, jugando una partida que otros prefieren disimular.
La frase exacta fue: “Estados Unidos va a amarrar las manos a los que quieren una guerra por el petróleo del continente”. Pero detrás de ese tono casi conciliador, lo que asoma es la construcción de una narrativa donde él mismo aparece como dique de contención ante una supuesta ofensiva energética y militar del norte. Una jugada discursiva que no por vieja deja de ser eficaz.
Lo dijo justo cuando se calientan las relaciones con Washington, en un contexto donde Joe Biden endurece su retórica contra lo que llama “dictaduras aliadas del crimen organizado”. Y lo dijo también mientras se acerca el aniversario del fracaso de Guaidó y el intento de imponer un gobierno paralelo. No es casual.
Maduro acusa a EE.UU. y se presenta como garante de paz
Durante un acto con los trabajadores del sector petrolero, Maduro intentó mostrarse como la antítesis del belicismo estadounidense. Según él, Venezuela “ama la paz” y está llamada a ser “la voz del Sur que detiene la locura de la guerra”. El problema es que esa misma paz que invoca se da mientras se acumulan reportes de represión interna, militarización de zonas estratégicas y acuerdos petroleros con Irán, Rusia y China, que poco tienen de transparentes.
El mandatario asegura que no permitirá que “se incendie el continente” por culpa del oro negro. Pero no es un secreto que su propio gobierno ha usado el petróleo como herramienta de supervivencia política, vendiéndolo en esquemas opacos, evadiendo sanciones y triangulando exportaciones con aliados poco confiables.
Entonces, ¿hablamos de paz o de control del mercado? ¿De prevenir la guerra o de posicionarse como árbitro regional con beneficios petroleros incluidos?
Maduro acusa a EE.UU. y llama a un frente latinoamericano
Maduro no solo apuntó a Washington. También pidió a los gobiernos de América Latina “estar alertas” y conformar un bloque para impedir que la región se convierta “en un nuevo Medio Oriente”. La comparación es deliberada y busca instalar la idea de que el petróleo puede ser la causa próxima de una invasión o una serie de conflictos disfrazados de misiones democráticas.
El llamado fue bien recibido por sus aliados del ALBA y por sectores bolivarianos que siguen considerando a EE.UU. como una amenaza imperial. Pero fuera de ese círculo, su narrativa suena a repetición de viejos guiones de la Guerra Fría, poco efectivos para una América Latina hoy más preocupada por la inflación, la migración y la violencia interna que por amenazas bélicas externas.
Maduro acusa a EE.UU. mientras México mira hacia otro lado
Para México, este tipo de declaraciones abren un dilema incómodo. Por un lado, nuestro país mantiene una relación pragmática con Estados Unidos que no puede darse el lujo de tensar. Pero por otro, AMLO ha coqueteado más de una vez con el discurso antiimperialista que Maduro agita con cada crisis. El silencio oficial ante estas acusaciones no es neutralidad: es cálculo.
¿Debe México sumarse a ese llamado latinoamericano o marcar distancia de una narrativa que suena a chantaje diplomático?

