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Incendio en la Central de Abastos de Querétaro consume locales comerciales
La madrugada del 9 de junio, una columna de humo volvió a alzarse sobre la Central de Abastos de Querétaro. Cuatro locales comerciales resultaron severamente dañados tras un incendio que, de nuevo, evidencia lo que todos prefieren ignorar: los protocolos de seguridad en esta zona crítica brillan por su ausencia.
Y no es la primera vez. Apenas en diciembre pasado, otro incendio en la misma Central de Abastos dejó un saldo fatal: un velador murió intoxicado por los gases tóxicos. Las llamas consumieron plásticos y mercancía, pero sobre todo, se tragaron cualquier excusa que las autoridades pudieran dar sobre estar “prevenidos”.
La historia se repite. Esta vez no hubo muertos, pero sí pérdidas materiales importantes, y muchas preguntas sin respuesta. Protección Civil y bomberos actuaron con rapidez, pero lo que ya no se puede ocultar es lo siguiente: la Central de Abastos opera como una bomba de tiempo.
Incendio en Central de Abastos: el segundo en seis meses
Las versiones oficiales hablan de materiales inflamables y fallas en medidas de prevención. ¿Pero no se supone que ya había ocurrido una tragedia? ¿Dónde están las inspecciones, los simulacros, los controles? ¿Quién está revisando los riesgos eléctricos o las rutas de evacuación?
La falta de transparencia es casi tan espesa como el humo. Nadie aclara si los comercios afectados contaban con pólizas, si se activaron las alarmas, si existían salidas seguras para los trabajadores. El incendio ocurrió en la madrugada, pero el impacto se sintió a lo largo del día: puertas cerradas, pérdidas millonarias, y una sensación creciente de abandono.
Querétaro en alerta: dos incendios, dos advertencias ignoradas
El incendio de diciembre dejó un muerto. El de junio dejó cuatro locales destruidos. Entre ambos, ni una revisión exhaustiva ni un informe público contundente. Las autoridades municipales parecen esperar que la ciudadanía olvide, que los comerciantes se resignen, que la ciudad vuelva a la rutina sin exigir responsabilidades.
Pero hay patrones que no se pueden esconder:
- Materiales inflamables sin control.
- Extintores caducos o inexistentes.
- Nula capacitación a locatarios.
- Inspecciones superficiales.
Esto no es un descuido. Es una forma de operar que pone en riesgo la vida de cientos de personas cada día.
Hablando en serio
La Central de Abastos no es solo un punto de comercio. Es el corazón logístico de la ciudad. Si ahí se permite la negligencia, ¿qué se puede esperar del resto? Cada incendio es una advertencia, pero también una evidencia de que las autoridades han preferido mirar hacia otro lado. ¿Cuántos locales más deben arder para que Querétaro actúe con responsabilidad?

