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Messi, el gran perdedor; España conquista el mundo

Lionel Messi quedó reducido a una figura periférica en la jornada más importante

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Messi, el gran perdedor; España conquista el mundo

East Rutherford, Nueva Jersey.—
Lionel Messi quedó reducido a una figura periférica en la jornada más importante. España derrotó 1-0 a Argentina en tiempo extra, conquistó su segunda Copa del Mundo y cerró el torneo con una exhibición de autoridad colectiva frente a una selección albiceleste que pasó casi toda la final defendiendo.

Ferran Torres marcó el único gol al minuto 106, después de una combinación iniciada por Pedro Porro y continuada por Nico Williams. El delantero apareció en el área para derribar una resistencia argentina que había sobrevivido durante más de cien minutos gracias a Emiliano Martínez.

España fue dueña del partido desde el comienzo. Movió la pelota con paciencia, ocupó mejor los espacios y obligó a Argentina a retroceder. Los 744 pases españoles frente a los 324 argentinos retrataron la distancia futbolística entre ambos equipos: uno quiso construir, atacar y gobernar; el otro se limitó a cerrar caminos y esperar una oportunidad que nunca apareció.

La Roja acumuló 20 remates, 12 de ellos dirigidos a portería, mientras Argentina terminó el tiempo reglamentario sin disparos. La superioridad española fue territorial, técnica y táctica. Cada recuperación terminaba en una nueva secuencia de pases y cada avance argentino era sofocado antes de cruzar la mitad del campo.

En medio de ese dominio, Messi vivió probablemente su partido más pobre del Mundial.

Se le vio poco en las jugadas, lejos del área y sin la determinación que había mostrado durante el torneo. Jugó timorato, contenido, casi siempre de espaldas y rodeado por futbolistas españoles. Apenas pudo girar, conducir o enlazar con Julián Álvarez. Cuando retrocedió para buscar la pelota, terminó alejándose de las zonas donde acostumbra decidir.

España no necesitó perseguirlo individualmente. Lo anuló mediante el funcionamiento colectivo. Rodri y Fabián Ruiz cerraron los espacios interiores; los centrales anticiparon cada pase y la presión tras pérdida impidió que Argentina encontrara transiciones rápidas. Messi apareció por momentos, pero nunca gobernó la final.

Su imagen resultó desconcertante. El futbolista llamado a cambiar el partido quedó convertido en un espectador. No filtró pases decisivos, no consiguió desequilibrar y apenas tuvo contacto con la pelota cerca del área rival. Argentina registró únicamente un toque dentro del área española y su capitán tuvo una influencia mínima en el desarrollo ofensivo.

Mientras Messi desaparecía, Emiliano Martínez sostuvo al equipo con varias intervenciones decisivas. El arquero argentino evitó que la final terminara antes, especialmente durante el primer tiempo, cuando respondió ante remates de Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal. Argentina también perdió por lesión a Lisandro Martínez, reemplazado por Nicolás Otamendi.

El partido llegó sin goles al final de los 90 minutos, pero la igualdad era engañosa. España había controlado la posesión, generado las mejores oportunidades y sometido a Argentina a una defensa permanente.

La situación se volvió todavía más difícil para la Albiceleste cuando Enzo Fernández fue expulsado al minuto 93 por una entrada imprudente. Con diez hombres, Argentina se replegó aún más y apostó todo a resistir hasta los penales.

España no perdió la calma. Continuó moviendo la pelota de un lado al otro, buscando el espacio y desgastando una defensa cada vez más fatigada. Antes del gol definitivo tuvo anotaciones anuladas, pero mantuvo la presión hasta encontrar la recompensa.

El desenlace llegó al minuto 106. Pedro Porro participó en el inicio de la jugada, Nico Williams prolongó el balón y Ferran Torres apareció para convertir el 1-0. El gol no fue un accidente ni una acción aislada: fue la consecuencia lógica de la superioridad española.

Argentina intentó reaccionar en los minutos finales, pero ya no tenía piernas, espacios ni argumentos. Messi siguió lejos de la pelota y la selección sudamericana terminó la final sin una respuesta ofensiva convincente.

España se coronó campeona con un fútbol basado en la posesión, la presión y el trabajo colectivo. Argentina perdió porque nunca consiguió salir del encierro y porque su principal figura estuvo ausente del partido.

Messi llegó a la final como el hombre capaz de decidirla y salió de ella como su gran perdedor. No únicamente por el resultado, sino por la manera: sin peso en el juego, sin remates determinantes y sin la rebeldía necesaria para rescatar a su equipo.

España ganó 1-0 y levantó su segunda Copa del Mundo. Lo hizo después de completar 744 pases, monopolizar el balón y reducir a Argentina a una resistencia estéril. La final tuvo un campeón indiscutible y una imagen difícil de olvidar: la de Messi caminando lejos del área mientras España tocaba la pelota y se acercaba, pase a pase, al título mundial. (José Luis Castillejos)

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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