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¿Cómo es posible que el PRI sobreviviera a la matanza que 350 no sobrevivieron?

PRI y Tlatelolco: la matanza de 1968 no derrumbó al PRI. ¿Cómo sobrevivió el partido y qué significa hoy esa herencia para México?

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¿Cómo es posible que el PRI sobreviviera a la matanza que 350 no sobrevivieron?

Hablar del PRI y Tlatelolco es abrir una herida que nunca cerró. Aquel 2 de octubre de 1968, cuando el Estado mexicano decidió convertir la Plaza de las Tres Culturas en un campo de tiro contra estudiantes, se esperaba que la represión quebrara al país o al menos desmoronara al régimen. Pero no. El PRI, lejos de desplomarse, reforzó sus estructuras, amplió sus redes de control y siguió gobernando casi tres décadas más. La pregunta no es sólo por qué sobrevivió el partido, sino por qué millones siguieron votando por él.

PRI y Tlatelolco: un autoritarismo disfrazado de democracia

México vivió lo que los académicos llaman “autoritarismo electoral”: elecciones había, pero el árbitro, las reglas y el dinero jugaban siempre a favor del PRI. A ello se sumaba el corporativismo: trabajadores, campesinos y ciudadanos atrapados en sindicatos, ligas y organizaciones que servían de correa de transmisión al poder. Salirse de esa red significaba perder trabajo, apoyos o acceso a derechos. Era un juego perverso donde la lealtad se pagaba con favores y la disidencia con exclusión o balas.

PRI y Tlatelolco: ¿por qué aún hay quien vota por ellos?

Medio siglo después, todavía hay comunidades donde el PRI mantiene redes que resuelven trámites, apoyos y favores. La memoria local, las identidades heredadas y el clientelismo que nunca se extinguió explican esa persistencia. Para muchos, votar por el PRI no es nostalgia, sino simple pragmatismo: siguen teniendo la llave de la gestión cotidiana. Y eso, en política, pesa más que la historia escrita en piedra o sangre.

1. Memoria fragmentada

  • En muchos sectores, la masacre de 1968 no fue abordada en los libros de texto ni en la educación oficial durante décadas. El régimen controló la narrativa, y para generaciones completas el recuerdo de Tlatelolco no ocupó un lugar central en la cultura política. La memoria histórica se construyó sobre todo en espacios académicos, familiares y militantes, no en la esfera pública masiva.

2. Lealtades locales y clientelismo

  • En estados y municipios donde el PRI fue el vehículo para acceder a programas sociales, becas, plazas o apoyos agrícolas, se construyeron relaciones de reciprocidad. Allí, votar por el PRI se entiende como una forma de mantener abiertos esos canales de beneficio, más allá de juicios sobre hechos del pasado.

3. Nostalgia por la estabilidad

  • Para ciertos votantes, el periodo priista es recordado como una época de “orden” y crecimiento económico (sobre todo entre 1940 y 1970, el llamado “milagro mexicano”). Esa percepción positiva puede pesar más que la conciencia de la represión, en especial para quienes vivieron mejoras materiales bajo gobiernos priistas.

4. Falta de alternativas creíbles

  • En varios momentos, y todavía en algunos municipios, el PRI conserva cuadros locales con mayor experiencia o estructura que los de otros partidos. Frente a opciones fragmentadas o débiles, parte del electorado sigue optando por lo que consideran la “maquinaria que sí resuelve”.

5. Distanciamiento temporal

  • Para quienes no vivieron 1968 ni las represiones de los setenta, esas violaciones parecen un pasado remoto y desvinculado del presente. Esto permite que algunos votantes no conecten al PRI actual con los abusos históricos, sino que lo juzguen por sus candidatos o propuestas inmediatas.

PRI y Tlatelolco: las reformas que nos blindan (a medias)

Las instituciones que hoy conocemos —IFE, INE, leyes de transparencia, uso regulado de la fuerza— nacieron en parte como respuesta a 1968. Pero están lejos de ser una garantía absoluta. Recortes presupuestales, intentos de recentralización y el desprecio al archivo histórico muestran que el “nunca más” no está asegurado. La democracia mexicana sigue siendo un terreno en disputa, y la tentación del control nunca desaparece.

PRI y Tlatelolco: si ocurriera hoy…

Una represión como la de Tlatelolco activaría procesos penales internos e internacionales. México está atado al sistema interamericano y al Estatuto de Roma, lo que abriría la puerta a sanciones, juicios e incluso acusaciones por crímenes de lesa humanidad. Pero conviene dudar: la justicia internacional es lenta, las sanciones selectivas dependen de intereses políticos, y el costo para las víctimas seguiría siendo irreparable.

PRI y Tlatelolco: memoria, verdad y reparación

Hablar de reparación no es sólo compensar a víctimas o levantar memoriales. Es abrir los archivos, reconocer responsabilidades y educar con la verdad, no con versiones oficiales. Sin una pedagogía cívica que explique qué pasó y quién lo ordenó, el riesgo de repetir la historia no desaparece. La memoria no puede ser un museo polvoriento; tiene que ser un espejo incómodo.

Hablando en serio

El 2 de octubre no sólo recuerda a los que murieron, sino que interpela a quienes siguen en el poder y a los que votan sin memoria. El PRI sobrevivió porque el sistema lo protegió y porque la sociedad, por miedo o conveniencia, lo permitió. Hoy, los riesgos no son menores: si debilitamos instituciones, si despreciamos la transparencia o si justificamos el uso excesivo de la fuerza, abrimos la puerta a nuevas matanzas con otros nombres. La pregunta incómoda es si, llegado el momento, la ciudadanía mexicana volvería a guardar silencio o si ahora sí exigiría que la sangre no se archive.

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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