Nacional
Repatriación de mexicanos detenidos en Israel avanza entre denuncias de tortura y silencio diplomático
Denuncian torturas en Ketziot y la SRE guarda silencio sobre su regreso.
La repatriación de mexicanos detenidos en Israel sigue rodeada de incertidumbre. Cuatro días después de la interceptación de la Flotilla Global Sumud, el gobierno mexicano insiste en que “hay avances”, pero sin ofrecer fechas ni resultados concretos. Mientras tanto, los seis activistas —Ernesto Ledesma Arronte, Arlín Medrano, Laura Alejandra Vélez Ruiz Gaitán, Carlos Pérez Osorio, Sol González Eguía y Diego Vázquez— permanecen en la prisión israelí de Ketziot, una de las más duras del país, donde ya se reportan tratos degradantes y torturas.
Un proceso lento y sin transparencia
La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) informó que el embajador Mauricio Escanero se ha reunido con los detenidos y sus familias, asegurando que se están gestionando medicamentos y contacto consular. Sin embargo, la falta de detalles alimenta la sospecha de que el proceso diplomático se enfrenta a trabas impuestas por el propio gobierno israelí. La cancillería mexicana evita hablar de plazos, y la presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido “información en las próximas horas”, una frase que ya se ha vuelto costumbre cuando no hay nada nuevo que decir.
Ketziot: la cárcel del desierto
Ketziot no es una prisión cualquiera. En sus muros se han recluido desde hace décadas a palestinos y disidentes políticos. Los activistas mexicanos fueron trasladados allí tras su detención en el puerto de Ashdod, después de que la marina israelí interceptara la flotilla que intentaba llevar ayuda humanitaria a Gaza. Los testimonios de otros activistas, como los españoles repatriados el domingo, describen un panorama aterrador: golpes, amenazas, privación del sueño y negación de medicamentos básicos. El abogado andaluz Rafael Borrego relató que algunos prisioneros fueron “vendados, arrastrados y atados durante horas”.
México, entre la condena y la cautela
La presidenta Sheinbaum ha reiterado su respaldo a Palestina y confirmó que México participa en una denuncia ante La Haya por la interceptación de la flotilla. Pero el discurso político contrasta con la tibieza diplomática. Mientras otros países lograron la liberación de sus ciudadanos en menos de 72 horas, México aún espera que Israel autorice la repatriación. La SRE ha priorizado “el diálogo”, aunque la paciencia comienza a parecer complicidad.
Hablando en serio
El caso de los activistas mexicanos detenidos en Israel revela hasta qué punto un país puede hablar de derechos humanos solo cuando conviene. Si las denuncias de tortura son ciertas —y los relatos coinciden demasiado como para dudarlo—, México no puede seguir midiendo sus palabras por miedo a incomodar a Tel Aviv. La ciudadanía mexicana tiene derecho a saber qué hace su gobierno, cuándo y con qué resultados. La pregunta que flota en el aire es simple: ¿cuánto vale la vida de un activista frente a los intereses diplomáticos?

