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México sufrirá las consecuencias de la revisión del T-MEC a pesar de las afirmaciones de Sheinbaum

La revisión del tratado puede golpear inversión, empleo y certidumbre aunque siga vigente.

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México sufrirá las consecuencias de la revisión del T-MEC a pesar de las afirmaciones de Sheinbaum

La revisión del tratado puede golpear inversión, empleo y certidumbre aunque siga vigente.

El T-MEC sigue vigente, pero eso no significa que México tenga garantizada una década tranquila de comercio con Estados Unidos y Canadá. La presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, han asegurado que habrá tratado hasta 2036, aunque la revisión prevista para 2026 abre un escenario menos cómodo de lo que sugiere el discurso oficial.

El tratado entre México, Estados Unidos y Canadá entró en vigor el 1 de julio de 2020 y contiene una revisión sexenal que no equivale automáticamente a una cancelación. Ese matiz importa. El acuerdo existe, opera y sostiene buena parte de la economía mexicana, pero la revisión puede convertirse en una negociación áspera si alguno de los socios decide presionar cambios de fondo.

Y ahí aparece el problema.

México llega a esa revisión con un socio estadounidense más agresivo en materia comercial, con Donald Trump de regreso en la Casa Blanca y con una agenda marcada por aranceles, proteccionismo industrial, migración, seguridad fronteriza y reclamos sobre energía, maíz, reglas automotrices y política laboral.

El T-MEC no está muerto, pero tampoco está blindado

Sheinbaum y Ebrard han defendido públicamente que el T-MEC llegará hasta 2036. Su mensaje busca transmitir calma a inversionistas, exportadores y empresas que dependen del comercio regional.

La lectura del Gobierno mexicano es que el tratado tiene mecanismos claros y que la revisión de 2026 debe entenderse como parte normal del acuerdo.

Esa postura tiene una base formal.

El tratado contempla una revisión conjunta cada seis años y puede extenderse por periodos adicionales si los tres países están de acuerdo.

El punto delicado es que esa continuidad requiere voluntad política.

Y la voluntad política, en Washington, rara vez viene envuelta en papel de regalo.

La revisión del T-MEC será una negociación de poder

México puede repetir que habrá tratado hasta 2036, pero Estados Unidos llega con incentivos para exigir concesiones.

Trump ya ha mostrado que usa el comercio como herramienta de presión política. No solo negocia mercancías. Negocia migración, seguridad, fronteras, industria y narrativa electoral.

Eso coloca a México en una posición incómoda.

El país depende profundamente de sus exportaciones hacia Estados Unidos. Millones de empleos industriales están conectados con cadenas de valor norteamericanas. El sector automotriz, la manufactura avanzada, los agroalimentos y la inversión extranjera necesitan certidumbre.

Cada amenaza arancelaria, cada disputa técnica y cada mensaje ambiguo sobre el futuro del tratado encarece decisiones empresariales.

Las compañías no esperan a que los políticos terminen sus conferencias matutinas. Ajustan inversiones, retrasan plantas, renegocian contratos o mueven capital si perciben riesgo.

Sheinbaum apuesta por certidumbre, pero el mercado mirará los hechos

El Gobierno mexicano intenta enviar una señal de estabilidad.

Tiene sentido.

Reconocer públicamente que el T-MEC está en riesgo podría alimentar nerviosismo financiero y dar ventaja negociadora a Estados Unidos.

Pero la confianza no se sostiene solo con declaraciones. Se sostiene con resultados, reglas claras y capacidad para resolver disputas.

México tendrá que llegar a 2026 con una estrategia que no dependa únicamente de decir que todo saldrá bien.

Necesitará defender su papel como socio indispensable para la industria estadounidense, especialmente en un momento donde Washington busca reducir su dependencia de China.

Ese puede ser el principal argumento mexicano: sin México, Norteamérica pierde competitividad.

Pero ese argumento debe administrarse con precisión. Si se convierte en arrogancia diplomática, puede salir caro.

El T-MEC enfrenta tensiones que ya venían acumulándose

La revisión no parte de cero.

Durante los últimos años se han acumulado diferencias entre los tres países por reglas de origen automotriz, política energética, maíz transgénico, derechos laborales, acero, aluminio y mecanismos de solución de controversias.

A eso se suma el clima político estadounidense.

Trump puede presentar cualquier concesión mexicana como victoria interna y cualquier resistencia mexicana como pretexto para endurecer el tono.

México, mientras tanto, deberá cuidar dos frentes: no ceder tanto que parezca subordinación, pero tampoco tensar tanto la cuerda como para afectar exportaciones, empleo e inversión.

Es una línea estrecha.

Muy estrecha.

México puede pagar el costo aunque el tratado continúe

El punto central no es si el T-MEC desaparece de un día para otro.

Ese escenario no parece el más probable.

El riesgo real es otro: que la revisión genere meses de incertidumbre, amenazas, presión sectorial y ajustes que golpeen decisiones de inversión.

Una economía puede sufrir incluso si el tratado sobrevive.

Puede sufrir por dudas, por retrasos, por menor confianza, por encarecimiento del crédito y por empresas que deciden esperar antes de expandirse.

Ese es el costo menos vistoso, pero suele ser el más peligroso.

No aparece como una ruptura dramática en titulares. Se filtra poco a poco en presupuestos, empleos, proveedores y cadenas de suministro.

El discurso oficial deberá enfrentar una realidad más dura

Sheinbaum y Ebrard tienen razones para defender la continuidad del tratado.

México necesita proyectar estabilidad.

Pero el país también necesita reconocer que la revisión de 2026 no será un trámite administrativo. Será una negociación política en un contexto internacional más hostil, con Estados Unidos presionando por ventajas y Canadá cuidando sus propios intereses.

La narrativa de “habrá T-MEC hasta 2036” puede funcionar como mensaje de calma.

No puede convertirse en anestesia.

Porque si México llega a la revisión confiando solo en la inercia del acuerdo, puede descubrir demasiado tarde que la certidumbre también se negocia.

Y se negocia duro.

Pensando en México

El T-MEC no es un tema de élites empresariales, aunque a veces lo parezca. De ese acuerdo dependen empleos industriales, exportaciones, inversión extranjera, cadenas de proveeduría y buena parte de la estabilidad económica del país. Si la revisión de 2026 se complica, el impacto puede llegar a fábricas, transportistas, agricultores, pequeñas empresas y familias que nunca han leído una sola página del tratado. México necesita calma, sí, pero también una estrategia seria y transparente. ¿Debe el Gobierno explicar con más claridad los riesgos reales de la revisión del T-MEC o conviene mantener un discurso de tranquilidad para evitar incertidumbre?

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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