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América Latina pagará el costo económico de la guerra entre Estados Unidos e Irán

La guerra entre Estados Unidos e Irán amenaza la economía latinoamericana en 2026.

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América Latina pagará el costo económico de la guerra entre Estados Unidos e Irán

América Latina

La guerra entre Estados Unidos e Irán seguirá afectando a América Latina y el Caribe durante todo 2026, incluso si se producen avances diplomáticos o disminuye la intensidad de las hostilidades. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe advirtió que el conflicto mantendrá presiones sobre los precios de la energía, la inflación, el crecimiento y las cuentas externas de los países de la región.

El impacto no será igual para todas las economías. Los países exportadores de petróleo pueden obtener mayores ingresos por el encarecimiento del crudo, mientras las naciones importadoras afrontarán un aumento de sus costos energéticos, del transporte y de productos básicos.

La energía será el principal canal de transmisión

El conflicto entre Washington y Teherán ha colocado nuevamente al estrecho de Ormuz en el centro de la economía mundial. Por esa vía marítima circula cerca de una quinta parte del petróleo comercializado globalmente, junto con una proporción relevante del gas natural licuado.

Cualquier restricción prolongada en el paso puede elevar las cotizaciones internacionales y encarecer el transporte marítimo. Aunque América Latina no depende directamente de todos los suministros que atraviesan Ormuz, sus mercados reciben el impacto mediante los precios internacionales y las decisiones de los operadores financieros.

La CEPAL estima que el precio promedio del petróleo durante 2026 será superior al de 2025. Esa diferencia bastará para mantener las presiones sobre los combustibles, la electricidad, la distribución de mercancías y las cadenas productivas que dependen de derivados energéticos.

Los países de Centroamérica y el Caribe aparecen entre los más expuestos porque son importadores netos de petróleo y gas. En esas economías, una subida prolongada del crudo puede deteriorar las cuentas públicas, encarecer las importaciones y reducir el margen disponible para financiar programas sociales.

Inflación y alimentos llegarán a los hogares

La guerra entre Estados Unidos e Irán no solo afecta a las gasolinas. El aumento de los combustibles suele trasladarse a los precios del transporte, la electricidad, los fertilizantes, los alimentos y los bienes distribuidos por carretera o vía marítima.

El encarecimiento de los fertilizantes representa una preocupación particular para los países agrícolas. Cuando sube el costo de producir, transportar y almacenar alimentos, los hogares de menores ingresos quedan más expuestos, pues destinan una mayor parte de sus recursos a la alimentación y tienen menos capacidad para absorber aumentos.

La inflación también puede limitar la respuesta de los bancos centrales. Si las autoridades reducen las tasas de interés demasiado pronto, corren el riesgo de alimentar nuevas presiones sobre los precios y las monedas. Si mantienen una política monetaria restrictiva, pueden contener la inflación, pero a costa del crédito, la inversión y el consumo.

Ese dilema puede prolongarse durante todo el año. La región ya enfrenta restricciones fiscales y distintos niveles de endeudamiento, lo que reduce la posibilidad de subsidiar de manera generalizada los combustibles o los alimentos sin agravar el déficit público.

Exportadores e importadores enfrentarán realidades opuestas

América Latina cuenta con países productores de petróleo que pueden beneficiarse temporalmente de las cotizaciones elevadas. Brasil, Colombia y Venezuela podrían recibir mayores ingresos por sus exportaciones energéticas, fortalecer sus cuentas externas y obtener un alivio parcial en sus finanzas públicas.

Ese beneficio, de todos modos, no elimina los costos internos. El petróleo más caro también encarece la gasolina, la logística y la producción nacional, incluso cuando un país exporta crudo. Las ganancias externas pueden convivir con una pérdida de poder adquisitivo dentro del territorio.

Para las economías importadoras, el escenario es más delicado. Centroamérica y el Caribe deben pagar más por combustibles y transporte, mientras sus gobiernos enfrentan la presión de proteger a los consumidores y evitar que el incremento llegue por completo a los precios finales.

Las naciones dependientes del turismo también pueden sufrir una reducción de visitantes si la incertidumbre internacional encarece los vuelos, reduce el gasto de los viajeros y modifica las prioridades de los hogares en los países emisores. En islas caribeñas con altos niveles de deuda, un nuevo shock energético puede reducir todavía más el margen de maniobra.

Mercados financieros bajo presión

La guerra entre Estados Unidos e Irán también repercute en los mercados financieros de América Latina. Cuando aumenta la incertidumbre, los inversionistas suelen retirar capital de los mercados emergentes y buscar activos considerados más seguros.

Ese movimiento puede debilitar las monedas regionales, elevar el costo de la deuda externa y encarecer las nuevas emisiones de bonos. Los países con mayor dependencia del financiamiento internacional quedan expuestos a un aumento de sus obligaciones, incluso si el conflicto no afecta directamente su comercio bilateral.

La CEPAL identificó varios canales de impacto para la región, entre ellos los precios de la energía, la inflación, el comercio, las condiciones financieras, el crecimiento y la estabilidad de las cuentas externas. La combinación de esos factores puede producir efectos más prolongados que el episodio inicial de volatilidad bursátil.

Una moneda debilitada encarece las importaciones y puede alimentar la inflación. Si las autoridades responden con tasas de interés más altas, el crédito para familias y empresas se vuelve más costoso, lo que frena la actividad económica.

El crecimiento regional quedará dividido

El conflicto no condena a todas las economías latinoamericanas al mismo resultado. Los países exportadores de materias primas pueden beneficiarse de ciertos precios internacionales, mientras los importadores de energía enfrentarán un deterioro más rápido.

La división también dependerá de la duración de la guerra. Una interrupción breve puede generar volatilidad y aumentos temporales, pero una crisis prolongada puede afectar la inversión, el comercio, el empleo y las finanzas públicas.

El problema central es que América Latina llega a este episodio con economías desiguales, hogares vulnerables y gobiernos con recursos limitados. Una región acostumbrada a absorber shocks externos puede resistir el primer impacto, pero no necesariamente soportar durante meses el encarecimiento simultáneo de energía, alimentos, transporte y crédito.

Pensando en México

México podría beneficiarse de mayores ingresos petroleros, aunque el efecto dependerá de su capacidad exportadora y de la evolución de los precios internos. El encarecimiento de la gasolina y del transporte presionaría la inflación y afectaría el costo de los productos básicos. Una mayor aversión al riesgo también podría debilitar al peso y encarecer el financiamiento. La cercanía económica con Estados Unidos vuelve relevante cualquier desaceleración de su consumo o de su industria. ¿Podrá México contener el impacto sin trasladar toda la factura a los hogares?

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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