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Sheinbaum le declara la guerra a los celulares en las aulas y divide a la opinión pública

Sheinbaum prepara reglas para limitar los celulares en las escuelas.

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Sheinbaum le declara la guerra a los celulares en las aulas y divide a la opinión pública

Sheinbaum prepara reglas para limitar los celulares en las escuelas.

La presidenta Claudia Sheinbaum prepara nuevas reglas para limitar los celulares en las aulas mexicanas, una medida que ha abierto un debate nacional sobre concentración, salud mental, libertad, seguridad y responsabilidad familiar. El Gobierno federal busca definir los criterios antes o durante el inicio del ciclo escolar 2026-2027, aunque todavía no existe una prohibición general confirmada.

El Gobierno prepara una regulación nacional

Sheinbaum ha dedicado varias conferencias matutinas a advertir sobre el uso excesivo de teléfonos móviles entre niñas, niños y adolescentes. Según los datos difundidos por el Gobierno, algunos menores pasan hasta siete horas diarias frente a una pantalla, mientras que más de 83% de los padres manifiesta preocupación por esos hábitos.

La presidenta ha insistido en que el objetivo no es eliminar la tecnología de las escuelas, sino discutir la forma en que se emplea y los efectos que puede tener sobre el desarrollo infantil. La postura oficial sostiene que un teléfono puede servir como herramienta educativa, pero también convertirse en una fuente permanente de distracción cuando las plataformas están diseñadas para retener la atención.

El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, informó que la SEP consultará a más de un millón de docentes de educación básica durante las actividades del Consejo Técnico Escolar Intensivo previstas para el 24 y 25 de agosto. La consulta abarcará cerca de 200 mil planteles y servirá para revisar las experiencias de las entidades que ya cuentan con restricciones.

Entre las opciones analizadas se encuentra mantener los teléfonos apagados y guardados durante toda la jornada, permitirlos únicamente para actividades pedagógicas autorizadas y establecer excepciones por emergencias, necesidades médicas o situaciones familiares justificadas.

Las restricciones ya avanzan en varios estados

La discusión federal ocurre después de que distintas entidades adoptaran medidas propias. En Ciudad de México, el Congreso aprobó en mayo una reforma para regular el uso de teléfonos y otros dispositivos en primarias y secundarias públicas y privadas.

La norma capitalina contempla que los aparatos permanezcan guardados durante las clases, salvo cuando el docente autorice su uso con fines pedagógicos. También incorpora el principio de aprendizaje digital responsable, orientado a que los estudiantes desarrollen criterios para usar la tecnología de forma consciente y segura.

La propuesta debe complementarse con lineamientos y protocolos de aplicación. Ese punto resulta relevante porque una regla general puede fracasar si no determina quién resguarda los teléfonos, cómo se atienden las emergencias, qué ocurre ante un daño o pérdida y qué autoridad interviene cuando una familia necesita comunicarse con un menor.

La experiencia de otros estados también será revisada por la SEP. De acuerdo con información difundida por la dependencia, 16 entidades cuentan con leyes, disposiciones o lineamientos que limitan el uso de estos aparatos dentro de los centros educativos, aunque las reglas no son iguales en todo el país.

El debate sobre los celulares en las aulas no parte únicamente de una preocupación disciplinaria. También responde a estudios y testimonios que relacionan el uso excesivo con pérdida de sueño, ansiedad, menor capacidad de concentración y dificultades para sostener el rendimiento escolar.

Una discusión que enfrenta a familias y especialistas

La medida divide a la opinión pública porque el teléfono cumple funciones distintas según la edad, el contexto familiar y las condiciones de cada escuela. Para algunos padres representa una vía de contacto inmediata en caso de emergencia, una herramienta de localización y una forma de supervisar los trayectos de sus hijos.

Para otros, la disponibilidad permanente del dispositivo genera una dependencia difícil de controlar. Las notificaciones, los videos de reproducción automática, el desplazamiento infinito y las recomendaciones algorítmicas compiten con la atención de los estudiantes incluso cuando el aparato no se utiliza con fines recreativos dentro del salón.

La discusión también plantea una pregunta incómoda: hasta dónde puede trasladarse a las escuelas una responsabilidad que empieza en casa y que está relacionada con el modelo de negocio de las grandes plataformas digitales. Especialistas citados en el debate público han advertido que las empresas diseñan sus servicios para prolongar el tiempo de conexión, mientras familias y docentes quedan encargados de controlar sus efectos.

Desde esa perspectiva, retirar el teléfono durante la jornada escolar puede reducir una parte del problema, pero no resuelve el uso compulsivo fuera del plantel. Tampoco sustituye la educación digital, la orientación psicológica ni la supervisión familiar.

El riesgo de una prohibición mal diseñada

El éxito de una regulación dependerá de la precisión de sus protocolos. Prohibir el uso de celulares en las aulas sin ofrecer canales de comunicación claros puede generar conflictos entre escuelas y familias, especialmente en comunidades donde los teléfonos cumplen funciones de seguridad o donde no existen líneas institucionales disponibles.

También será necesario considerar a estudiantes con enfermedades, discapacidades o necesidades específicas. Las excepciones deben quedar claramente definidas para evitar decisiones arbitrarias y garantizar que una medida pensada para proteger a los menores no termine afectando sus derechos.

Otro desafío será evitar que la regla se aplique de manera desigual. En algunos planteles podría existir infraestructura para guardar los aparatos con seguridad, mientras que en otros se exigiría a los docentes asumir una responsabilidad adicional sin recursos ni personal suficiente.

La regulación de los celulares en las aulas puede responder a un problema real, pero su aplicación no debería reducirse a una disputa entre adultos y estudiantes. Si el Gobierno busca una política nacional duradera, tendrá que escuchar a docentes, familias y menores, explicar sus objetivos y establecer mecanismos de evaluación.

Pensando en México

México necesita discutir el uso de la tecnología en las escuelas, pero también debe evitar soluciones simples para un problema que involucra educación, salud mental, seguridad y negocios digitales. Retirar los celulares en las aulas puede recuperar parte de la atención perdida, aunque no bastará si las familias siguen enfrentando solas a plataformas diseñadas para generar dependencia y si las escuelas carecen de recursos para aplicar la medida. ¿Debe México restringir los teléfonos durante toda la jornada escolar o concentrarse en enseñar a usarlos con responsabilidad?

Fuentes: EL PAÍS, La Jornada, Congreso de la Ciudad de México, Diario del Yaqui

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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