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Sheinbaum acusa de privilegiados a los manifestantes por la Ley de Aguas

Sheinbaum enfrenta protestas por Ley de Aguas y acusa a manifestantes de defender privilegios.

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Sheinbaum acusa de privilegiados a los manifestantes por la Ley de Aguas

Las protestas por Ley de Aguas reabrieron un conflicto que el Gobierno creía superado: el de los intereses privados sobre los recursos naturales. Claudia Sheinbaum no esperó a que la tensión bajara; desde Palacio Nacional acusó a los inconformes de querer conservar privilegios que “ya no deberían existir”. Lo dijo en tono firme, sabiendo que su frase marcaría el pulso del debate. Mientras tanto, productores agrícolas y transportistas mantenían bloqueadas unas cuarenta carreteras en 22 Estados, reclamando desde mejores precios del campo hasta más seguridad en las rutas federales.

Los cierres de vías expusieron la fragilidad de un discurso oficial que presume diálogo y paz política. Los transportistas denuncian robos y extorsiones en tramos vigilados por la Guardia Nacional; los agricultores, en cambio, temen que la reforma elimine sus concesiones históricas, afectando el valor de sus tierras. Para muchos, las protestas por Ley de Aguas son el síntoma de un malestar más profundo: el choque entre la tecnocracia ambiental y la realidad rural.

Sheinbaum insistió en que el agua no puede seguir “mercantilizándose por privados”. Según explicó, su iniciativa contempla un plan de apoyo para modernizar los sistemas de riego y reducir el consumo. A cambio, los beneficiarios tendrían que devolver al Estado el derecho sobre el agua que dejen de usar. La presidenta puso un ejemplo que busca indignar: algunos concesionarios venden agua a los municipios sin pagar derechos porque su permiso agrícola los exenta de impuestos. Ese tipo de situaciones, dijo, es lo que su administración pretende erradicar.

Protestas por Ley de Aguas y los intereses en juego

El fondo del conflicto va más allá de la gestión del agua. Lo que se disputa es quién controla los recursos en un país donde el 80% del líquido se destina a la agricultura y donde los permisos se otorgaron por décadas sin vigilancia ni caducidad. Sheinbaum pretende reordenar esas concesiones bajo la idea de “agua para todos”, pero los grupos afectados ven una amenaza directa a su modo de vida. Algunos productores han dicho que, sin esos derechos, su tierra “no vale nada”.

El Gobierno asegura que no habrá expropiaciones ni pérdida de tierras, pero la narrativa oficial de “privilegios” ha provocado rechazo incluso entre sectores moderados. En estados como Sinaloa, Chihuahua y Guanajuato, los bloqueos fueron respaldados por líderes locales que antes simpatizaban con el movimiento oficialista. Las protestas por Ley de Aguas, así, revelaron una fractura inesperada dentro de la base rural que apoyó a la Cuarta Transformación.

Protestas por Ley de Aguas y el costo político

La presidenta ha dicho que no usará la fuerza contra los manifestantes, pese a que el cierre de vías federales es delito. Asegura que su Gobierno no caerá en provocaciones ni en represión, aunque dejó entrever que “hay motivaciones políticas detrás de los bloqueos”. El mensaje parece dirigido tanto a la oposición como a los sectores que dentro del propio sistema comienzan a marcar distancia.

El problema es que cada conflicto de este tipo mina la narrativa de estabilidad y consenso que Sheinbaum intenta construir. Las protestas por Ley de Aguas no son una anécdota: son una advertencia sobre los límites de un modelo que busca centralizar decisiones en nombre del bien común, pero que podría chocar con las realidades locales más duras.

Hablando en serio

El conflicto por la Ley de Aguas pone sobre la mesa un debate más profundo: ¿quién debe decidir sobre los recursos vitales en México? Si la reforma logra eliminar abusos, tendrá legitimidad; pero si termina afectando al campo sin ofrecer alternativas reales, su costo social será enorme. El agua se ha vuelto, una vez más, un espejo del poder. Y la pregunta incómoda es si este Gobierno podrá romper los viejos privilegios sin crear otros nuevos.

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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