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Hasta dónde piensa llevar la guerra Netanyahu?

Netanyahu va camino de ser un líder aislado y sin legitimidad. ¿Hasta dónde llevará la guerra?

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Hasta dónde piensa llevar la guerra Netanyahu?

La serie de ataques de Israel contra países vecinos ya no puede maquillarse como operaciones “quirúrgicas”. El bombardeo en Doha, capital de Qatar, dirigido al liderazgo político de Hamás, fue un golpe de efecto que desnudó lo que muchos sospechaban: Benjamin Netanyahu ha perdido la capacidad de relacionarse legítimamente con otros estados. ¿Qué líder acude a una mesa de negociación después de dinamitar al mediador?

El episodio en Qatar dejó un saldo inmediato de un agente de seguridad muerto y varios heridos. Naciones Unidas lo calificó como una “violación flagrante” de la soberanía catarí; Turquía, Egipto y Arabia Saudita elevaron protestas formales. Incluso Estados Unidos, aliado eterno de Tel Aviv, reconoció que estaba al tanto de la operación, aunque se apresuró a negar participación directa. En paralelo, la ONU y la Liga Árabe piden calma, pero su voz suena cada vez más lejana frente a la magnitud del desastre.

Netanyahu y la guerra fratricida

Netanyahu juega con Medio Oriente como si fuese un tablero de ajedrez, aunque las piezas caídas son vidas humanas. Los ataques de Israel en Líbano —que mataron a cinco personas, cuatro de ellas miembros de Hezbollah—, los bombardeos en Siria y las incursiones contra los hutíes en Yemen completan un mapa de fuego que crece día tras día. No hay cabalidad ni proporción: cada golpe expande la guerra en círculos concéntricos, arrastrando a toda la región hacia una confrontación fratricida.

El matón del correccional

El Estado de Israel actúa como el matón del patio en un correccional: protegido por los guardias —los aliados occidentales—, golpea sin miedo a la represalia. Netanyahu justifica las muertes como “neutralizaciones selectivas”, pero el término es apenas un eufemismo burocrático para hablar de asesinatos sin juicio. Mientras tanto, cristianos, musulmanes y hasta judíos no sionistas que critican esta política son marginados, acusados de traición o silenciados a fuerza de miedo.

El ataque a la flotilla SUMUD

El ataque Flotilla Sumud en un puerto de Túnez ha encendido la polémica internacional. Mientras los activistas denuncian que un dron arrojó un artefacto explosivo sobre el barco “La Familia”, causando un incendio, las autoridades tunecinas sostienen que se trató de un simple accidente. Pero un video difundido en redes muestra una bola de fuego cayendo desde lo alto, contradiciendo la versión oficial.

La pregunta es inevitable: ¿accidente fortuito o sabotaje deliberado?

Pese al incidente, la Flotilla Sumud anunció que continuará este miércoles su travesía hacia Gaza. Cientos de tunecinos acudieron al puerto para expresar apoyo, coreando consignas a favor de Palestina. Para los activistas, el ataque no es más que una muestra de la intimidación que enfrentan, pero también una razón más para seguir adelante.

Reacciones y pasividad internacional

La comunidad internacional se limita a condenas simbólicas. Europa emite comunicados, Naciones Unidas pide contención, Washington se contradice entre la desaprobación pública y el aval militar privado. Y mientras tanto, las bombas siguen cayendo. Esa pasividad, disfrazada de diplomacia, es la semilla de un nuevo genocidio que se cocina a fuego lento ante la mirada del mundo.

Posibles soluciones en un tablero roto

El camino para salir del abismo exige medidas concretas:

  • Suspensión inmediata de exportaciones de armas a Israel.
  • Creación de un tribunal internacional especial para investigar los ataques transfronterizos.
  • Reconocimiento y protección jurídica de estados mediadores como Qatar.
  • Un alto el fuego supervisado por observadores internacionales con acceso irrestricto.

Lo contrario —seguir administrando la tragedia con comunicados— solo garantiza más sangre y más muertes.

¿Y si Netanyahu fuese tratado con el mismo baremo?

La pregunta incómoda: ¿qué sucedería si un estado extranjero aplicara a Netanyahu la misma lógica que él aplica contra líderes en Gaza, Líbano o Yemen? ¿Qué pasaría si fuera atacado «quirúrgicamente» en su propio suelo? El escenario es escalofriante, pero la comparación revela la hipocresía: lo que Israel justifica en otros territorios sería considerado terrorismo de Estado si se le aplicara a sí mismo y provocaría una reacción en cadena catastrófica en toda Eurasia.

En este espejo retorcido, Netanyahu ya no es un líder, sino un riesgo global. Una frágil burbuja de cristal, llena de nitroglicerina, en manos de un mono con Párkinson.

Hablando en serio

La deriva de Israel hacia un conflicto abierto contra medio planeta no es solo un problema lejano: tiene consecuencias directas para México. Dependemos de mercados de petróleo que hoy tiemblan con cada misil, y somos parte de un entramado internacional que se resquebraja cuando el derecho internacional se convierte en papel mojado. Permitir que Netanyahu dicte la ley del más fuerte equivale a aceptar que cualquier potencia puede hacer lo mismo. ¿Vamos a normalizar la impunidad o vamos a exigir que la justicia internacional exista de verdad?

Nacido en Madrid, España. Creativo publicitario, comunicador visual y especialista en marketing digital participó en la creación y ha sido director de arte y contenidos del primer diario digital del Mundo en español. Ha dirigido varios proyectos de comunicación y portales de contenidos en Europa y América para Telefónica, Terra, UOL y más. Conferenciante para Claro America, ayudó a los medios de comunicación peruanos a realizar la transición de la redacción analógica a la digital y superar la brecha de ingresos publicitarios.

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