Opinión
Gaza, la herida que no cierra
México condena los ataques a civiles, y rechaza violaciones al derecho internacional.
La Franja de Gaza es una herida abierta. Bajo escombros, con hospitales colapsados y barrios sin agua ni electricidad, resiste una población exhausta. Cada día, familias buscan pan en mercados dañados. La niñez, en gran parte desplazada, distingue el zumbido de drones y el golpe de los bombardeos. Israel afirma responder a Hamás; la destrucción se expande sobre la vida civil.
La comunidad internacional permanece dividida. Estados Unidos respalda a Israel desde su alianza histórica y la noción de legítima defensa. Europa se fractura: Alemania y Reino Unido justifican la ofensiva, mientras España, Irlanda y Bélgica piden alto el fuego. En Naciones Unidas, países de América Latina, África y Asia reclaman pausas humanitarias. La distancia entre discursos y acciones sigue intacta.
Las organizaciones humanitarias describen un territorio casi inhabitable. Médicos Sin Fronteras reporta cirugías sin anestesia. La ONU advierte una generación marcada por el trauma. La Cruz Roja insiste en facilitar acceso y protección. Las cifras oficiales condensan tragedias familiares y proyectos de vida interrumpidos.
México sostiene una postura consistente con su diplomacia y condena los ataques a civiles, rechaza violaciones al derecho internacional y llama al cese de hostilidades. No busca foco ni estridencia; apuesta por la mediación multilateral y el respeto a la soberanía. Es la voz de un país que confía en la negociación como salida viable para evitar más pérdidas.
El dilema permanece: ¿cómo frenar a Hamás sin arrasar con la población civil? ¿cómo garantizar la seguridad de Israel sin empujar a los palestinos al destierro? No hay respuestas suficientes. En los pasillos de la ONU se acumulan discursos; en Gaza, la gente cuenta a sus muertos.
La paz no se decreta y debe trabajarse coordinadamente para construirla. En un clima polarizado, una voz sobria como la de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ayuda.
No bastan condenas ni resoluciones si falta voluntad política y capacidad real de mediación, pero hasta que eso ocurra, Gaza seguirá recordando la insuficiencia del mundo para detener la barbarie.

