Política
Disputas internas en Morena ponen a prueba la unidad del partido rumbo a 2027
Morena enfrenta divisiones y gobiernos desgastados que ponen a prueba su fuerza rumbo a 2027.
Morena enfrenta divisiones y gobiernos desgastados que ponen a prueba su fuerza rumbo a 2027.
Las claves del conflicto
Las disputas internas en Morena han comenzado a perfilarse como uno de los principales desafíos políticos rumbo a las elecciones intermedias de 2027. Después de ocho años de expansión electoral y de consolidarse como la principal fuerza política del país, el partido enfrenta un escenario distinto al que lo llevó a conquistar la Presidencia de la República y la mayoría de las gubernaturas. Ahora, los riesgos provienen menos de la oposición y más de los conflictos internos, el desgaste de algunos gobiernos estatales y la competencia por las candidaturas.
La elección de 2027 será una prueba determinante para el movimiento encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum. Además de defender una parte importante de las gubernaturas que actualmente gobierna, Morena deberá demostrar que puede mantener la cohesión de una estructura política cada vez más amplia y con intereses diversos. El reto no solo consiste en conservar el poder, sino también en administrar las tensiones que genera ser el partido dominante.
Seis entidades concentran las principales alertas
Los diagnósticos internos del partido identifican seis entidades donde el escenario resulta especialmente complejo: Zacatecas, Colima, Sonora, Campeche, Michoacán y Sinaloa. En estos estados convergen problemas relacionados con la evaluación ciudadana de los gobiernos, cuestionamientos políticos y conflictos internos que podrían afectar la competitividad electoral.
En Zacatecas, la administración de David Monreal llega al proceso sucesorio en medio de cuestionamientos derivados de la crisis de seguridad y de bajos niveles de aprobación. En Colima, el gobierno de Indira Vizcaíno enfrenta el desgaste provocado por la persistencia de la violencia, mientras que en Michoacán la inseguridad continúa siendo uno de los principales desafíos para la administración de Alfredo Ramírez Bedolla.
Campeche también aparece entre los focos de preocupación debido a las controversias políticas que han acompañado el gobierno de Layda Sansores. En Sonora, Alfonso Durazo ha rechazado públicamente las versiones que lo vinculan con investigaciones en Estados Unidos relacionadas con presuntos nexos con el crimen organizado, calificándolas como infundadas. En Sinaloa, la situación política se ha complicado tras las acusaciones formuladas por autoridades estadounidenses contra Rubén Rocha y otros funcionarios, un episodio que ha generado presión adicional sobre el oficialismo.
Aunque cada entidad presenta circunstancias particulares, la dirigencia reconoce que estos casos alimentan el discurso de la oposición y pueden influir en la evaluación ciudadana de los gobiernos estatales durante la próxima contienda.
El crecimiento del partido también genera conflictos
Las disputas internas en Morena también reflejan una consecuencia del crecimiento político alcanzado durante los últimos años. Con la mayoría de los espacios de poder ocupados por cuadros del movimiento, la competencia ya no se concentra únicamente frente a partidos rivales, sino entre los propios aspirantes del oficialismo.
El proceso interno registra 277 políticos inscritos, entre militantes de Morena y de sus aliados del Partido Verde Ecologista de México y del Partido del Trabajo. Se trata del mayor número de aspirantes desde la fundación del movimiento y representa un desafío para la dirigencia nacional encargada de conducir la selección de candidaturas.
La elevada participación evidencia tanto la fortaleza territorial del partido como la dificultad para construir acuerdos que permitan evitar fracturas. Mientras más competitivas sean las contiendas internas, mayor será el riesgo de que algunos grupos inconformes debiliten las campañas oficiales.
La dirigencia busca mantener la unidad mediante llamados constantes a privilegiar el proyecto político sobre las aspiraciones personales. Sin embargo, el tamaño alcanzado por el partido hace cada vez más compleja esa tarea.
Guerrero ejemplifica los riesgos de una ruptura
Uno de los casos que más preocupa dentro del partido es Guerrero. La exclusión de Félix Salgado Macedonio del proceso para definir la coordinación de la Cuarta Transformación en la entidad, consecuencia de la reforma contra el nepotismo impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, modificó el escenario político local.
Diversos aspirantes participan ahora en la contienda interna, entre ellos la exalcaldesa de Acapulco, Abelina López, y la senadora Beatriz Mojica. No obstante, dirigentes y operadores territoriales consideran que una eventual inconformidad del grupo político encabezado por Salgado Macedonio podría traducirse en divisiones capaces de afectar la estructura electoral del partido.
La preocupación no radica únicamente en la definición del candidato, sino en la posibilidad de que los desacuerdos internos terminen debilitando la movilización territorial durante la campaña.
Un fenómeno que se extiende al resto del país
Aunque seis estados concentran los mayores niveles de alerta, las tensiones no se limitan a esas entidades. Morena reconoce que las diferencias entre grupos políticos aparecen prácticamente en las 17 gubernaturas que estarán en disputa durante 2027.
La diferencia consiste en la intensidad de cada conflicto. Mientras algunas diferencias podrían resolverse mediante negociaciones internas, otras amenazan con fragmentar estructuras políticas construidas durante años.
Este escenario representa un cambio importante respecto a los procesos electorales anteriores. Durante su etapa de expansión, el partido logró contener buena parte de sus diferencias gracias al liderazgo nacional y al crecimiento constante de su influencia política. Hoy, con menos espacios disponibles para repartir y mayores responsabilidades de gobierno, las disputas adquieren una dimensión distinta.
Las disputas internas en Morena reflejan precisamente esa transición entre un movimiento en expansión y un partido obligado a administrar el ejercicio del poder.
La elección de 2027 pondrá a prueba la hegemonía oficialista
La elección intermedia será la primera gran prueba electoral del gobierno de Claudia Sheinbaum sin el efecto movilizador que representó durante años la figura del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Además de defender una amplia cantidad de gobiernos estatales, Morena deberá responder por los resultados obtenidos en cada administración local. Temas como la seguridad pública, el desempeño gubernamental y la capacidad para mantener la unidad interna formarán parte del debate político.
Dentro del partido existen voces que mantienen confianza en conservar todas las gubernaturas actualmente bajo su control. Sin embargo, también reconocen que las condiciones políticas han cambiado y que la competencia será más compleja que en procesos anteriores.
La narrativa de invulnerabilidad construida desde 2018 enfrenta ahora una prueba distinta: demostrar que la fortaleza electoral puede mantenerse incluso cuando el principal reto surge desde el interior del propio movimiento.
Pensando en México
La estabilidad política de Morena tendrá efectos directos sobre el escenario nacional durante los próximos años. Si el partido logra resolver sus diferencias internas, podría conservar la mayor parte de su poder territorial y mantener la gobernabilidad en buena parte del país. En cambio, si las disputas derivan en rupturas locales, la competencia electoral podría volverse más equilibrada y abrir nuevos espacios para otras fuerzas políticas. Más allá de quién gane cada gubernatura, el proceso de 2027 medirá la capacidad del oficialismo para administrar el poder sin perder cohesión. La forma en que Morena enfrente este desafío también marcará el tono político del resto del sexenio. ¿Crees que el principal riesgo para Morena proviene de la oposición o de sus propios conflictos internos?

