Opinión
En la sombra del poder, las rutas del narco y las grietas del Estado
El testimonio de “El Mayo” Zambada destapa las redes del narcotráfico en México.
En los tribunales de Brooklyn, Ismael “El Mayo” Zambada levantó la voz y confirmó lo que México ha preferido no escuchar, que el narcotráfico no se sostiene solo con fusiles, sino con la complicidad del poder.
Durante casi medio siglo, el patriarca del Cártel de Sinaloa pagó por silencio, lealtad y olvido.
En su declaración ante un juez estadounidense reconoció haber sobornado a funcionarios mexicanos y transportado toneladas de cocaína y fentanilo hacia Estados Unidos. La confesión, revelada por The Washington Post el 25 de agosto de 2025, sacudió la memoria de un país que ha aprendido a convivir con el miedo.
Rutas que no duermen
Los puertos de Manzanillo y Lázaro Cárdenas siguen siendo la puerta de entrada de los precursores químicos que llegan desde Asia bajo el disfraz de productos farmacéuticos.
De ahí parten a laboratorios en Jalisco y Sinaloa, donde se transforman en drogas sintéticas que viajan hacia el norte.
En la frontera, el negocio se fragmenta.
Camiones con compartimentos ocultos cruzan por Tijuana, Mexicali y Ciudad Juárez.
Pequeñas aeronaves despegan al anochecer desde ranchos perdidos de Sonora.
Las mulas humanas arriesgan la vida por unos cuantos dólares.
Cada kilo que llega al otro lado tiene detrás un ejército de intermediarios y, muchas veces, un funcionario que prefiere no ver.
Dinero limpio, manos sucias
El narcotráfico mexicano aprendió a blanquear su rostro con la precisión de un contador.
Empresas fachada dedicadas a la química, la construcción y la industria farmacéutica sirven para lavar millones bajo la luz del día.
El caso de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública, fue una advertencia. Condenado en Estados Unidos por recibir sobornos del Cártel de Sinaloa, su caída demostró que la corrupción no era un rumor sino un método de trabajo.
“Si García Luna pudo manipular estructuras completas de seguridad, significa que el narco ya no compra voluntades, las contrata”, afirma un investigador federal retirado que pidió mantener el anonimato.
Un Estado sitiado
Los informes de la DEA y del Departamento de Justicia confirman lo que los patrulleros en carretera ya saben. En varios municipios el crimen cobra impuestos, impone castigos y dicta toques de queda.
En las regiones del Pacífico y del Golfo, policías municipales obedecen a quien paga mejor. El propio Zambada reconoció que cada cargamento llevaba su “peaje oficial”. Esa red de sobornos mantiene las rutas abiertas y los ojos cerrados.
La presidenta Claudia Sheinbaum solicitó que Estados Unidos devuelva a México los quince mil millones de dólares decomisados a “El Mayo” para destinarlos a programas sociales.
El gesto es correcto, aunque insuficiente frente a un fenómeno que desborda gobiernos y fronteras.
El eco de una verdad incómoda
México enfrenta la disyuntiva entre enfrentar al narco con balas o desmontar sus raíces financieras y políticas.
Los especialistas coinciden en que, sin transparencia en los contratos públicos y sin protección para los denunciantes, toda estrategia se convierte en ceremonia.
El fallecido analista Alejandro Hope sostenía que el narcotráfico funciona como una forma de gobierno paralelo.
Esa idea, que en su momento pareció provocación, hoy describe la realidad de muchos territorios.
Los testimonios de Brooklyn, los informes de la DEA y el silencio de las calles mexicanas delinean un mismo retrato.
El crimen sigue ahí, adaptado, paciente, convencido de que la justicia es lenta y la memoria corta.
Mientras tanto, los contenedores llegan, las rutas se mueven y los muertos no descansan.
Fuentes consultadas
- – The Washington Post, “El Mayo Zambada pleads guilty in US court”, 25 agosto 2025.
- – Reuters, 18 agosto 2025.
- – Department of Justice (US), comunicado oficial, 2024.
- – DEA National Drug Threat Assessment 2024.
- – Journal of Illicit Economies and Development, LSE Press, 2024.

