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Pemex y soberanía nacional: el costo político de creer en una empresa que ya no sostiene al país

Pemex y la soberanía nacional: un mito costoso que drena recursos públicos y mantiene viva una estéril fe petrolera.

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Pemex y soberanía nacional: el costo político de creer en una empresa que ya no sostiene al país

La historia se repite: el gobierno vuelve a vestir de patriotismo lo que en realidad es un rescate financiero. En el discurso oficial, Pemex y la soberanía nacional siguen siendo sinónimos; en la realidad, es una relación codependiente donde el Estado paga la terapia y Pemex no quiere cambiar.

Durante décadas, la petrolera fue el tótem de nuestra identidad económica. Cada litro extraído era una promesa de independencia. Pero hoy, en 2025, Pemex produce pérdidas que superan los beneficios. Aun así, sigue recibiendo miles de millones de pesos como si la fe —no la eficiencia— bastara para mantener encendida la maquinaria nacionalista.

Pemex y soberanía nacional: el mito que ya no se sostiene

El mito de Pemex y la soberanía nacional nació en 1938, cuando expropiar el petróleo fue un acto de dignidad. El problema es que seguimos actuando como si nada hubiera cambiado.
El mundo ya discute inteligencia artificial, energías limpias y descarbonización, mientras México sigue apostando por un modelo de extracción que huele a nafta y nostalgia.
Cada nuevo presupuesto federal destina recursos a “sanear” una empresa que gasta más en intereses que en innovación.

El discurso de la soberanía, en este punto, funciona como religión: se cree o no se cree, pero nadie se atreve a blasfemar. Y quien cuestiona el dogma, se arriesga a ser tachado de traidor a la patria.

Pemex y soberanía nacional: la devoción que cuesta caro

El gobierno de Claudia Sheinbaum ha prometido reducir la deuda de Pemex sin afectar el déficit público. En papel suena bien; en la práctica, es otro acto de fe.
Para 2026, México Evalúa estima pérdidas netas por más de 31,000 millones de pesos, incluso con ingresos petroleros al alza.
Y mientras el dinero público sostiene una empresa improductiva, sectores como salud, educación o seguridad siguen con presupuestos congelados.

La pregunta es simple: ¿cuántas veces puede un país rescatar a la misma empresa antes de admitir que ya no se trata de economía, sino de orgullo?

Pemex y soberanía nacional: un símbolo convertido en carga

Pemex fue alguna vez sinónimo de progreso, pero ahora es un espejo de nuestras contradicciones. Seguimos llamándolo “orgullo nacional” mientras su deuda lo convierte en uno de los agujeros fiscales más grandes del planeta.
Lo que antes era símbolo de independencia, hoy es la muestra más clara de dependencia: dependencia del petróleo, de la deuda, y del discurso que lo justifica todo.

La fe petrolera se resiste a morir. Aun cuando los números exhiben una realidad agonizante, el discurso del nacionalismo energético sigue resonando fuerte en la retórica oficial. En pleno 2025, insistir en que Pemex y la soberanía nacional deben ir de la mano es apostar al mito, aunque ese mito cueste miles de millones cada año.


Datos que duelen: la deuda creciente de Pemex

Para entender por qué Pemex ya no sostiene al país, basta revisar su carga financiera:

  • Al 31 de diciembre de 2024, la deuda total de la empresa se situaba en 97,600 millones de dólares, lo que representa una ligera reducción respecto al nivel de 2023. PEMEX
  • En el segundo trimestre de 2025, esa cifra escaló ligeramente a 98,786 millones de dólares. EL CEO
  • En pesos, la deuda financiera acumulada a fines de 2024 alcanzó 1.91 billones de pesos (suma de deuda de corto y largo plazo).
  • En cuanto a proveedores y contratistas, la deuda también es escandalosa: al cierre de 2024, Pemex debía 506,153 millones de pesos en ese rubro.
  • En abril de 2024, se reportaba que la deuda con proveedores había pasado de 88,791 millones (abril 2023) a 148,281 millones (abril 2024) —y para marzo de 2025, algunas estimaciones la sitúan cerca de los 405,000 millones de pesos en ese capítulo.
  • En el 2024, Pemex reportó una pérdida neta de 620,605 millones de pesos, en contraste con una utilidad de 8,151 millones en 2023. El País
  • Para el primer trimestre de 2025, la empresa estatal volvió a caer en números rojos: perdió 43,327 millones de pesos, mientras su deuda financiera ascendía a 101,100 millones de dólares. Reuters

Estos datos muestran un patrón: cada peso extra que Pemex “produce” se lo traga el servicio de la deuda, los pagos a proveedores o los rescates estatales.


¿Qué pasaría si Pemex fuera gestionado como empresa privada?

Cuidado: esta hipótesis no implica asumir ciegamente que la privatización es la panacea, pero sirve para cuestionar el dogma. Imaginemos un escenario alternativo:

  1. Gestión profesional, no política
    Si Pemex estuviera a cargo de directivos independientes con incentivos alineados a la rentabilidad, no al tamiz ideológico, habría presión real para reducir corrupción, optimizar procesos y recortar costos superfluos.
  2. Atracción de inversión externa con reglas claras
    Con normas estables, Pemex podría asociarse con empresas especializadas que aporten capital, tecnología avanzada y experiencia operativa. No se trata de vender la empresa por piezas, sino de reconstruirla con socios estratégicos.
  3. Transparencia, gobierno corporativo y rendición de cuentas
    Una empresa privada requiere gobernanza: juntas con miembros externos, auditorías constantes, obligaciones hacia inversionistas. Eso obliga disciplina financiera. Nada de rescates ocultos ni maniobras contables.
  4. Distribución de utilidades y riesgo compartido
    Si la empresa genera excedentes, esos podrían distribuirse entre inversionistas o reinvertirse, no consumirse en intereses o pagos políticos. Pero los riesgos también se asumirían: si el negocio falla, no hay escudo estatal infinito.
  5. Innovación y diversificación energética
    Con libertad de mercado, Pemex podría entrar en energías renovables, gas, petroquímica; diversificar su portafolio. Su supervivencia dependería de adaptación, no de subsidios eternos.

En ese escenario, Pemex dejaría de ser símbolo nacional y se convertiría en un actor económico eficiente. Claro, perdería parte del sacrosanto discurso de “control del Estado sobre los recursos”. Para muchos, esa renuncia sería el mayor obstáculo político.


Comparando modelos: Morena vs. ejemplos fallidos del “petro-modelo”

Morena y el mito del rescate perpetuo

El gobierno actual pretende “rescatar” a Pemex a través de inyecciones fiscales, emisiones de deuda y maniobras contables.

  • En 2025 se presupuestaron aportaciones del gobierno por 136,000 millones de pesos para amortización de deuda.
  • La estrategia incluye que los pagos de la deuda se registren como reducción de pasivos para que no se vean como gasto público visible.
  • La narrativa oficial insiste en que Pemex debe ser autosuficiente para 2027, pero muchos analistas dudan que eso sea viable dado el deterioro estructural.
  • Morena apela a la idea de soberanía energética como escudo político: cuestionar Pemex es hacerlo con la patria.

Este modelo tiene varios riesgos: perpetuar el círculo vicioso del rescate, desgastar las finanzas públicas, y mantener un monstruo irregular que devora recursos.

Lecciones de Venezuela (y otros casos)

Venezuela suele usarse como advertencia: cuando un Estado se obsesiona con controlar el petróleo a cualquier costo, el resultado suele ser degradación, colapso y dependencia del subsidio político.

  • La industria petrolera venezolana colapsó por la politización extrema, la corrupción sistemática y el abandono de mantenimiento. Las reservas aún existían, pero la producción cayó precipitadamente.
  • En muchos casos, Venezuela comenzó una “privatización de facto” bajo el disfraz de asociaciones o “alianzas estratégicas”, pero operadas bajo el control del Estado. No fue una privatización real sino una recomposición del dominio estatal bajo nueva forma.
  • Artículos críticos describen cómo la privatización en América Latina fue un pretexto para el saqueo, manejada sin transparencia y con concesiones dudosas que enriquecieron a élites locales mientras destruían industrias energéticas. El País
  • En el caso de PDVSA, aunque se proclamó “privatización parcial” o participación privada, el control político del régimen de Maduro permeó toda operación, lo que impidió realmente administrar con criterios de mercado.

Lo que deja claro la experiencia es que la privatización mal hecha puede ser tan destructiva como el estatismo extremo. Pero eso no borra la posibilidad de un modelo híbrido bien regulado.


Conclusión: el riesgo real es no repensar

Creer que Pemex puede sostener una estrategia energética nacional en el siglo XXI basados solo en el mito es una quimera costosa. El modelo actual —siendo insistente con rescates, deuda y subsidios— refleja más devoción ideológica que estrategia racional.

Comparar Morena con regímenes como el venezolano ayuda a entender que la obsesión estatal no garantiza prosperidad —y que la privatización no es la antítesis del desastre si se hace con reglas fuertes, transparencia y limites al poder político.

El verdadero desafío no es elegir entre Estado o mercado, sino reinventar un modelo que deje de ser una carga. Si seguimos aferrados al discurso de Pemex y soberanía nacional, nuestro futuro energético será hipotecado, no herencia.

Hablando en serio

Insistir en que Pemex y la soberanía nacional son una misma cosa es negar la evolución del mundo. México no pierde soberanía por modernizar su modelo energético; la pierde cuando se aferra a un símbolo que drena recursos y esperanza.
Tal vez haya llegado el momento de preguntarnos: ¿qué es más patriótico, mantener vivo un mito o construir un futuro que ya no dependa del petróleo?

La redacción de Diario Ya!, dirigida por su editor José Luis Castillejos, reúne más de 30 años de experiencia profesional en cobertura periodística nacional e internacional, con rigor, independencia e imparcialidad.

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